La vida, la conciencia y el espíritu pertenecen a nuestra galaxia, la Vía Láctea, al sistema solar y al planeta Tierra, el lugar donde vivimos. Para que surgieran fue necesario un ajuste refinadísimo de todas las constantes cosmológicas de la naturaleza que, en un momento dado de la evolución, se organizaron de tal manera, que dieron pie a la vida y la inteligencia. La vida surgió hace 3.800 millones años y hace unos cuatro millones de años, la inteligencia, lo que muestra que el Universo no es un absurdo.Somos portadores de gran energía, el Espíritu en nosotros., que es la capacidad que los seres tienen de relacionarse, intercambiar informaciones y de crear redes de interconexiones, responsables de la unidad compleja del todo.  Como dice Leonardo Boff, «entre el espíritu de un árbol y el nuestro, la diferencia no es de principio. Ambos son portadores de espíritu. La diferencia radica en el modo de realización. En nosotros, los seres humanos, el espíritu aparece como autoconciencia y libertad. En el árbol, por su vitalidad y relaciones con el suelo, con los rayos solares, las energías de la Tierra y del cosmos, él se siente, se relaciona, se nutre y nutre la propia naturaleza, captando CO2 y dándonos oxígeno, sin el cual no podemos vivir»(http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=999). El Espíritu dirige nuestro universo hacia el punto Omega de Teilhatd de Chardin, pero no con un determinismo ciego, sino incorporando el principo de indeterminación de Heisenberg y nuestra participación en este proyecto futuro.