Hoy tenemos muchos sonidos a nuestro alrededor, comenzando por las noticias sobre tragedias, política, economía, religión , deporte, sociedad etc. Hoy tenemos muchas formas de entretenimiento a nuestro alcance especialmente en el campo audiovisual: música, películas, series, video-juegos, tertulias, etc. También estamos conectados con los demás constantemente: grupos de whatsapp, notificaciones digitales, etc. Por otro lado los que vivimos en ciudad estamos rodeados de ruidos por todas partes. Así, entre sonidos y ruidos en nuestro mundo cada vez el silencio tiene menos espacio.

Ahora viene la respuesta a la pregunta de por qué debemos silenciarnos. En primer lugar necesitamos una cierta dosis de soledad para poder gestionar nuestra propia vida.En segundo lugar necesitamos también desconectarnos, regular el uso de la tecnología. En tercer lugar necesitamos hacer silencio, tomar distancia, ir al desierto. Hacer silencio es un mirador adecuado para discernir y tomar las decisiones adecuadas. Hacer silencio es ir en búsqueda del sentido de nuestra propia vida, ir a lo más profundo de nosotros para tener un corazón agradable a Dios.

¿Qué puede ayudarnos a silenciarnos?

En primer lugar la reflexión, en un mundo donde todo tiene que se rápido e inmediato y no hay tiempo para pensar las cosas. En segundo lugar la lectura que necesita de tiempo y de desconexión para leer y dialogar por dentro. En tercer lugar la peregrinación donde hay largos ratos de desconexión y distanciamiento de las urgencias y ruidos de la vida contemporánea. En cuarto lugar el diálogo, donde debemos integrar también el silencio en la conversación para que no sea ni debate ni monólogo. Se trata de un encuentro interpersonal profundo donde nos abrimos al otro. En quinto lugar la experiencia estética que apunta a algo más y que requiere capacidad de observación y de contemplación. Por último, en sexto lugar, la oración sileciosa o el silencio contemplativo donde se adivina una Presencia.