El escritor Mario Vargas Llosa hablando de la muerte, pone de manifiesto el valor de la razón y de la sinrazón que nos habita. Se expresa así: «Que si la muerte no existiera la vida sería infinitamente aburrida, sin aventura ni misterio, una repetición cacofónica de experiencias hasta la saciedad más truculenta y estúpida. Que es gracias a la muerte que existe el amor, el deseo, la fantasía, las artes, la ciencia, los libros, la cultura, es decir, todas aquellas cosas que hacen la vida llevadera, impredicible y excitante. La razón nos lo explica, pero la sinrazón que también nos habita nos impide aceptarlo» (¿Regreso al Medioevo?, El País, 15/3/2020). Aquí la razón incluye a la «mente bicameral», que son los dos hemisferios del cerebro: el izquierdo (Inteligencia Racional) y el derecho (Inteligencia Emocional), que gracias a esto se explica la gran creatividad humana. El hemisferio izquierdo es analítico y verbal mientas que el derecho es intuitivo, preferiendo las imágenes antes que las palabras. En las tradiciones espirituales se distinguen tres ojos espirituales: El ojo corporal, que ve la realidad física y que lo podemos equiparar a la (IE); el de la mente, que razona, comprende y analiza, que lo podemos equiparar a la (IR), i el ojo del espíritu, que capta lo invisible i que late detras de lo visible (Inteligencia Espiritual), que nos da el sentido de la vida.