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Nuestra esencia como personas es que “somos seres espirtuales”. Esto significa que tenemos un motor interno que consciente o inconscientemente dirige nuestras decisiones. Ese espíritu, alma o consciencia, es único y posee una multiplicidad de dones que representan el diseño que Dios creó en nosotros para que se pueda desplegar. Es decir, para realizar nuestra vocación. Así, hay personas muy espirituales que no practican ningun rito religioso.También puede haber personas que sí practican los ritos de una religión, pero sus motivaciones profundas son distintas de las que mueven a una persona espiritual, que se mueve por estos parámetros:
– Ve más allá de lo concreto e intuye un orden mayor.
– Antepone en sus decisiones los valores del amor, el servicio y la solidaridad.
– Piensa en el bien común, es altruista y renuncia al propio beneficio en favor de los ideales que la sostienen.
– Es capaz de sobreponenrse ante las dificultades.
– Es sensible a lo esencial: la belleza, la verdad y la bondad.
– Es feliz y atrae a otras personas por su sabiduría y la energía amorosa que emana de ella.
– Es optimista por naturaleza.
-Posee una visión holística del mundo y tiende a ser muy desprendida de lo material, ya que para ella lo espiritual es lo más primordial.
Pero existe la dimensión espiritual religiosa o Inteligencia Espiritual , que forma parte del ser de la persona y tiene la función de iluminar a las demás inteligencias (Inteligencia Racional e Inteligencia Emocional). Es la que proporciona el sentido y la orientación de la vida ante la angustia existencial que produce la muerte, lo efímero de nuestra existencia y la fragilidad de nuestra vida.