Felices los pobres

La Antropología indica que la persona se realiza plenamente a partir de un doble movimiento: la salida de sí y la entrada en sí mismo. La persona se hace a sí misma en la medida en que sale de sí y se abre a lo que le rodea. Este movimiento lo libera de su afán de posesión y la dispone a la comunión. Renuncia a constituirse en el centro de la realidad para salir en busca de ésta. Puede relacionarse con todo lo que le rodea sin poseerlo, sino compartiendo, en comunión con toda la realidad. La fe en la vida, en sí mismo y en los demás debe edificarse sobre el terreno firme del realismo; es decir, sobre la capacidad de ver el mal donde está, de ver la trampa, la destructividad y el egoísmo, no sólo cuando se presentan a la vista de todos, sino también en sus muchas máscaras y disfraces. Hay que atacar estas causas a la vez que los valores de la vida socioeconómica que han modificado las energías psíquicas de la razón, el amor y la actividad productiva.Nos vamos realizando humanamente cuando experimentamos Dios como el fin último de nuestros deseos, cuando es Dios mismo quien nos centra. Acertar en realizar la voluntad de Dios pasa por anclar nuestra libertad en una sensibilidad similar a la de Jesús. El primer paso en el arte de vivir, consiste, a mi modo de ver, a querer una sola cosa. En Mt 13, 44 Jesús explica la parábola de aquel hombre que encuentra un tesoro en el campo y , con alegría, vende todo lo que tiene para comprarlo.Esto supone tomar una decisión, fijarse un objetivo. Esto significa que la persona entera se orienta y se dedica a lo que ha decidido, para que todas sus energías se centren en el objeto elegido.