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Para que nuestro mundo funcione de un modo diferente tenemos que forjar en nosotros una nueva conciencia, necesitamos actuar de manera diferente. En vez de venganza, es preciso practicar el perdón, en vez de competir ferozmente unos contra otros, es preciso abrazar el amor, en vez de buscar únicamente nuestro propio interés en cada situación, es preciso que seamos capaces de acoger a todas las personas, incondicionalmente. Pierre Pradervand, el escritor, conferenciante y organizador de talleres con el objetivo de ayudar a las personas a vivir unas vidas más sencillas y, por ende, más ricas y más profundamente satisfechas y que ha dedicado la mayor parte de su vida a trabajar a favor de la justicia social, nos enseña en su nuevo libro, “365 bendiciones para sanarme a mí mismo y al mundo” (Ed. Mensajero 2018), a bendecir cada situación y cada persona que se cruce en nuestro camino en el día a día, añadiendo así a nuestra existencia una alegría y una presencia desbordantes, con la convicción de que “bendecir es dibujar un círculo de luz alrededor de una persona para protegerla, sanarla y fortalecerla”. Para responder a la importancia de la bendición, en este libro se puede leer lo siguiente: “Bendecir significa desear un bien ilimitado a los demás y a los acontecimientos, un bien sin reservas e incondicional, y desearlo desde el rincón más profundo de nuestro corazón. Bendecir significa santificar; venerar, sentir un profundo respeto hacia aquello que es siempre un regalo del Creador. La persona santificada por vuestra bendición se convierte en una persona elegida, consagrada, sagrada, plena. Y no solo eso, bendecir es invocar la protección divina para esa persona, pensar o hablar de ella con gratitud, regalarle felicidad… A pesar de que no esté en nuestras manos otorgar nada a nadie, pues no somos sino los alegres testigos de la abundancia de la vida”. Pues, continua el autor, “bendecir es conocer esa belleza omnipresente, universal y escondida a los ojos del cuerpo, es activar la ley de la atracción que traerá a vuestras vidas, desde los lugares más remotos del universo, exactamente aquello que necesitáis experimentar y disfrutar” Y concluye recordando que “una bendición que no se eleve más allá del nivel de la razón no contiene ningún poder de sanación. Nunca haremos suficiente hincapié en el hecho de que bendecir es una energía cien por cien del corazón. Estoy convencido de que para sanar hay que sentir con el corazón”. Pues, “estamos todos tan íntimamente conectados que no nos queda más remedio que amarnos. Si somos bondadosos y hacemos el bien a todos, veremos el reflejo del amor. Las ondas emitidas por un corazón que ama son las mayores bendiciones del universo”. Y nos hace este recordatorio: “Si realmente deseas bendecir a una persona, recuerda que es Dios quien anima su vida, quien impregna su ser; porque Dios es el ser único, la vida y el alma de cada ser individual”. Ya que, “bendecir a alguien es más que pronunciar unas palabras de alabanza o de valoración, es más que señalar los talentos que uno tiene o sus buenas acciones, es más que ensalzar a alguien. Bendecir es decir ‘si’ a esa persona, aceptar que es digna de ser amada”.