Jesús-2
El evangelista Matero en 5, 10 dice: «Bienaventurados los perseguidos por ser justos, porque de ellos es el Reino de los cielos». Estos son ‹signos de vida en un mundo de muerte› Esta es la apuesta de Jesús y de sus seguidores: no responder a la violencia con la venganza, sino con la reconciliación. Los que son pobres ante Dios, tienen limpio su corazón, tienen la capacidad de compadecerse, tienen hambre y sed de justicia, y por causa de ella son perseguidos, a estos se les promete el Reino de los cielos, donde se enjugarán las lágrimas, nadie pasará hambre ni sed, nadie será desposeido injustamente, y todos verán a Dios y serán reconocidops como hijos suyos.
Si, en las bienaventuranzas tenemos un auténtico autoretrato de Jesús. Así, si Dios es el gran promotor de la paz, ningún señor terrenal de la guerra puede tener la última palabra; toda utopía intramundana de paz, de la que suelen surgir los grandes excesos de violencia, pierde su halo mágico cuando, o bien se instauran dictadiras de la virtud o se imponen los intereses de una nación, de una raza o de una clase. Y siguiendo el sermón de la montaña podemos promocionar la paz golpeando al contrario con sus propias armas ejercitando el arte de la autodefensa con el fin de que la violencia acabe con su razón de ser.