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La comunidad científica se ha mostrado reticente a establecer un consenso claro sobre las EDM (Experiencia Después de la Muerte) tildandolas incluso de meras anécdotas. Las investigaciones se han limitado a enumerar las experiencias y a constatar que ciertos patrones se repiten con frecuencia. Quizá hayan sido deslumbrados por una luz blanca y radiante, sentido una desconexión con el propio cuerpo, sido invadidos por una intensa sensación de paz interior o vagado por un largo túnel. Tres teorías dan explicación a estos fenómenos: La primera es fisiológica: la anoxia (falta de oxígeno) en el cerebro daría lugar a alucinaciones, luces blancas y demás, como lo del resplandor blanco al final del túnel. Luego hay otra teoría, la psicológica, que sostiene que esas EDM son fruto del miedo a la muerte. Y luego una tercera teoría afirma que las EDM son consecuencia de la mezcla de anoxia y el miedo a la muerte. Pero, lo más relevante es que «las personas que han estado inmersas en estas profundas experiencias cuando regresan están positivamente trans-formadas. Se vuelven más altruistas, más comprometidas en ayudar a las demás personas. Encuentran un nuevo significado a la vida tras encontrarse con la muerte». No obstante, nunca antes se había abordado la cuestión de la conciencia en estas situaciones límite. Al menos no al nivel del estudio publicado en la revista Resuscitation, realizado por la Escuela de Medicina NYU de Nueva York, dirigido por el Dr. Sam Parnia, donde se constata que hay quien recuerda las conversaciones de los médicos incluso después de haber sido dados por muertos. Y los doctores, sorprendidos, lo verifican. Los médicos declaran la muerte del paciente cuando deja de respirar, cesan los latidos de su corazón y no se detectan ondas cerebrales durante varios segundos. El sentido común nos dice que una vez que el órgano falla, la sangre ya no circula al cerebro y, por lo tanto, los monitores no pueden detectar actividad alguna: “Así se declara el fallecimiento, todo se basa en el momento en el que el corazón se detiene”, explica el científico Sam Parnia, destacado experto en las ECM. Sin embargo, la investigación de la NYU pone en duda el consenso establecido, pues afirma que la conciencia humana no desaparece inmediatamente des-pués de la muerte. Lo que significa que, en teoría, alguien podría escuchar cómo los médicos anuncian su propio deceso. El Dr. Parnia, director de cuidados intensivos de este centro, asegura que las personas “saben de inmediato que han muerto”, dado que su conciencia sigue funcionando después de que el cuerpo ha dejado de emitir señales de vida. Así, para el equipo que ha realizado este estudio hay evidencias que sugieren que se produce un impulso de energía en el cerebro cuando una persona muere.
El doctor Pim Van Lommel, profesor de Cardiología del hospital Rijnstate de Arnhem (Holanda), durante treinta y un años de cardiólogo ha visto morir a cientos de pacientes y revivir a algunos, desafía el concepto de conciencia de la medicina oficial, y en su estudio realizado en The Lancet, investiga las causas de estos fenómenos. Los enfermos con sus ECM demuestran que hay conciencia después de la muerte y la tenían cuando ya estaban clínicamente muertos y sin funciones cerebrales. Su percepción estaba encima de su cuerpo y fuera de él. Tuvieron experiencias extrasensoriales comprobadas. Para el doctor Lommel la conciencia sería como un transmisor de ondas, una especie de televisión que repite ondas que llegan de otro sitio. Así que, aunque el cerebro deje de funcionar, la conciencia sigue retransmitiendo. Esta opinión concuerda con la del profesor Stuart Hameroff de la Universidad de Arizona, para quien la conciencia no perece después de la muerte. Según este científico, el cerebro humano es el ordenador cuántico perfecto y el alma o conciencia es simplemente información almacenada en el nivel cuántico. Puede ser transferida, después de la muerte del cuerpo. La información cuántica representada por la conciencia se funde con nuestro universo y existe allí indefinidamente. Sir Roger Penrose, un famoso físico británico y experto en matemáticas en Oxford, apoya esta teoría. Juntos están desarrollando la teoría cuántica para explicar el fenómeno de la conciencia. Ellos creen que encontraron los portadores de la conciencia, los elementos que acumulan información durante la vida, y después de la muerte del cuerpo la conciencia “drena” en otro lugar. Estos elementos están ubicados dentro de los microtúbulos proteicos (microtúbulos neuronales), que previamente han sido atribuidos a un simple papel de refuerzo y canalización de transporte dentro de una célula viva. Basado en su estructura, los microtúbulos son los más adecuados para funcionar como portadores de propiedades cuánticas dentro del cerebro. Lo que hace que sean capaces de conservar estados cuánticos durante mucho tiempo, lo que significa que pueden funcionar como elementos de un ordenador cuántico. Así, según todo lo dicho, nuestra conciencia no muere y persiste, lo que los monjes budistas llaman el zazen: “Conectarse con el universo”.