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La aplicación constante de las tecnologías de la investigación contra el envejecimiento, algunos autores hablan de alcanzar los 120 años. Otros, los medianamente optimistas hablan de alcanzar los 140 años y los exageradamente optimistas creen que en no mucho tiempo vamos a alcanzar la longevidad indefinida. Y los científicos más osados han puesto fecha a la “muerte de la muerte”: El año 2045 (Cfr. LAURENT ALEXANDRE, La mort de la mort.Comment la technomédicine va bouleverser l’humanité, Ed. Jean Clode Lattès, París 2011). En esta misma fecha la revista Time en su primera página el 21.2.2011 titulaba: “2045: el año en que el hombre se hace inmortal”. Esto se justificaba en base a la ley de rendimientos acelerados (Ley Moore) que, con la conjunción de las tres revoluciones tecnológicas simultáneas (GNR: Genética, Nanotecnológica y Robótica), las máquinas llegarán a ser conscientes y serán tratadas como personas. Y, al ser inteligentes, serán protagonistas de un nuevo escenario, pasando de una visión del mundo homocéntrica a otra datacéntrica y en donde no se distinguirá entre los seres humanos y la naturaleza. De esta manera pasaremos del homo sapiens cyberneticus al homo deus, donde la felicidad se logrará por vía bioquímica, que ofrecerá un placer constante. La muerte ya no se con-siderará como un destino, sino como una enfermedad; se logrará el control del envejeci-miento y se podrá potenciar el rejuvenecimiento. Estaremos, pues, ante la primera gene-ración de “hombres inmortales» que aspiran a la divinidad. El imperativo antropológico no será ‹llega a ser lo que eres», sino «llega a ser más de lo que eres».

Trans-humanismo y post-humanismo

Trans_humanismo y post-humanismo son términos que designan este mismo proceso. Inicialmente surgió el trans-humanismo, posteriormente se ha ido imponiendo el post-humanismo. El transhumanismo es el movimiento filosófico y cultural que suscita más in-terés de los últimos tiempos, ya que acepta el uso libre de la tecnología para el mejora-miento del ser humano, tanto en sus capacidades físicas, como en las mentales, emocio-nales y morales, trascendiendo todos sus límites actuales. Estamos ante una revolución antropológica que rechaza el humanismo de la tradición cristiana y moderna. Así, este movimiento desborda al darwinismo, pues no pretende configurar a otro hombre mejor sino a otro que el hombre. Con estos cuatro presupuestos K. HAYLES presenta el post-humanismo: “a) privilegia el modelo computacional sobre la instanciación material de modo que la corporeización en un sustrato biológico es un accidente de la historia y no un rasgo ineludible de la vida; b) la conciencia (considerada durante siglos como la sede de la identidad humana) es un epifenómeno, sobrevenido en el proceso evolutivo, algo marginal, no el centro de la realidad; c) el cuerpo es una prótesis originaria que debemos aprender a usar y a remplazar con otras prótesis; d) el ser humano puede ser configurado enteramente con máquinas inteligentes” (Cf. How We Became Posthuman, University Chicago Press, Londres 1999, 2-3). El movimiento trans-humanista no se reduce a elabo-raciones conceptuales, a proclamaciones retóricas o a fantasías imaginarias. “Forma gru-pos vinculados a centros universitarios y laboratorios de investigación, genera instituciones y publicaciones de diverso tipo con la intención consciente de mejorar al ser humano en diversos campos”, donde «la educación clásica deja paso a un nuevo imaginario colectivo, alimentado especialmente por el arte y por las nuevas tecnologías, por el cine y la literatura de ciencia-ficción» (Cf. E. BUENO DE LA FUENTE, El post-humanismo: una revolución antropológica, El transhumanismo en la sociedad actual, Centro Teológico San Agustín, Madrid 2019, págs. 41-42)

Revolución antropológica

La pretensión del movimiento transhumanista es conseguir mejorar la mente humana, su-perar el dolor y tratar de vencer a la misma muerte, que, como dice Albert Cortina, “la es-pecie humana en su forma actual no representa el final de nuestro desarrollo sino más bien una etapa relativamente preliminar, fundamentando esto en una cosmovisión cientifista, materialista, reduccionista y atea del ser humano. No obstante, curiosamente está confluyendo con las nuevas corrientes gnósticas y New Age, conformando de este modo una especie de tecno-religión con pretensiones hegemónicas en el Nuevo Orden Mundial, que tiene el claro objetivo de sustituir la cosmovisión cristiana sobre la persona y la crea-ción por otra cosmovisión universal posthumana» (Cf. Humanismo avanzado. Para una sociedad biotecnológica, Madrid 2017). En esta revolución antropológica las religiones quedan desautorizadas. Ya no son fuerza creativa convirtiéndose en reactiva. «El opti-mismo tecnológico es casi una fe religiosa… el universo, convertido en un ordenador inte-ligente, vendrá a ser como un dios omnipotente y omnisciente» (K. KURZWEUIL, La singularidad está cerca, Lola Books, Berlín 2017, 430)

El homo deus
El ser humano feliz e inmortal aspira a la divinidad. En 2015 el médico P. Diamandis, di-rector general de la Universidad Singularity, decía: “Seremos como dioses…Seremos om-niscientes capaces de saberlo todo, de conectar nuestros cerebros directamente a Google. Seremos omnipotentes, podremos dominar un objeto en el otro extremo del planeta. Seremos omnipresentes, capaces de conocer los pensamientos de alguien que está en Japón o en Hawai” (Cf. T. M. POULQUIEN, Transhumanismo y fascinación por las nuevas tecnologías, Rialp, Madrid 2016, 168). Según estas proyecciones, surgirán las tecnoreligiones o la religión de los datos, las únicas que pueden estar a la altura del tecnohumanismo.

El tecnoteísmo

Según el profesor Roberto Noriega Fernández «algunos transhumanistas rechazan el ámbito de la religión por su carácter irracional. Pierden así la referencia a las creencias sobre Dios y lo que espera al hombre después de la muerte y los cultos y prácticas relacionadas con sus creencias. En su lugar ofrecen respuestas insuficientemente racionales, necesitadas de confianza en las promesas todavía incumplidas, de tal modo que algunas exigencias transhumanistas son comparables a las de orden religioso. El progreso tecnico-cultural tiende a convertirse en una nueva religión: el tecnoteísmo» (Cf. “El retorno de Lázaro. La resurrección transhumanista”, El transhumanismo en la sociedad actual, o. c. 195)

Mentalidad crítica

Frente al objetivo de manipular al ser humano como si fuera un objeto más desafiando al futuro y a la esperanza cristiana, debemos tener presente que el verdadero humanismo es aquel que respeta la dignidad de la persona humana. Frente aquellos que proponen un uso de la tecnología desvinculado de la ética y reclaman que todo lo técnicamente posible se debe y se puede hacer, debemos reconocer nuestra finitud única vía realista de encuentro con lo real, pues esos límites se imponen como garantía de lo humano.