higuera seca (1)

Una religión que se agota en sutilezas dogmáticas u observancias externas y que nada tiene que ofrecer a las necesidades más profundas del ser humano, es estéril. El misticismo trata de satisfacer estas necesidades. La protesta contra una religión mecánica o excesivamente institucional se encuentra ya en el Nuevo testamento. (Cf. La higuera estéril Mt 11, 12-14; Mt 21,18-19)

Cuando una persona está desocupada y su mente callada gracias al silencio interior, se adentra en la oscuridad, que trasciende el entendimiento humano. De cuando en cuando la persona recibirá un rayo de luz que traspasa esta  nube de la ignorancia que se interpone entre Dios y el alma, mostrándole alguno de sus secretos. En otras ocasiones el alma se siente oprimida como si Dios la hubiese abandonado. Es entonces cuando debemos perseverar resistiendo los envites del maligno.

La experiencia de la unión con Dios es el fin del camino místico. Esta unión puede ser de muchos tipos, aunque las dos formas principales son la monista y la teísta. En la unión monista el ser se funde con el Uno y pierde su identidad; en la unión teísta se conserva la identidad personal, pero la persona sufre una transformación en su unión con Dios. La mística cristiana es teísta, de manera que, por muy íntima que sea la unión, se mantiene la distinción metafísica entre la criatura y el creador.Tan misteriosa y sublime es esta experiencia que nadie, salvo la propia persona, sabe nada de ella. Pero la unión alcanzada en esta vida no se puede comparar con la felicidad de la visión beatífica después de la muerte.