humanidad
La evolución no termina en el ser humano, que articula todas las energías venidas desde abajo y en donde estas encuentran nuevo sentido y perspectiva hacia la Humanidad. El ser humano como persona, uniéndose a las demás personas por el amor debe encontrar el medio para su propio desarrollo hacia lo que Teilhard de Chardin llamaba Personalización del Universo. Es decir, cuando la evolución alcance el nivel de la plena reflexión, se abrirá una nueva puerta para que la humanidad encuentre su organización perfecta, entrando en la era de la socialización humana. Y esto es así gracias al descubrimiento que hace Teilhard en el cosmos de que “todo lo que asciende converge”, pues es un hecho la ascensión universal de los seres a un grado superior de perfección.
Pero esta socialización humana no es solamente un hecho o una determinación concreta de las condiciones particulares de la vida humana, sino que es “una necesidad interior inscrita en el corazón mismo del destino de la Humanidad” gracias a la conciencia humana, que, gracias a su formación progresiva, por vía de interiorización, discurre la evolución general y es la clave de todo el sistema. La explicación del universo tiene su fundamento en el ser humano, centro y punto de armonización del mundo. Como dice J. SAHAGÚN LUCAS, “A partir de la experiencia de la persona humana, es decir, de la conciencia de nuestros propios valores espirituales, todos los demás fenómenos, no solo los humanos, sino los biológicos y físicos, adquieren coherencia y explicación en la perspectiva de una materia que evoluciona hacia el espíritu” (El hombre social en el pensamiento de Teilhard de Chardin, Editorial Fontanella, Barcelona 1969, 45). Porque el ser humano no es un advenedizo o un aborto que venga a perturbar con su originalidad la armonía de los seres, ni tampoco un añadido accidental que no acaba de encontrar su puesto en el concierto establecido. El ser humano es una pieza más del cosmos que hunde sus raíces en un pasado muy lejano y extiende sus ramas sobre un futuro concebido siempre en función del presente que habita. Es un factor esencial del edificio que se está construyendo.