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Taize-prayer

Es Cristo Resucitado, a través de su Humanidad. Teilhard de Chardin habla del Centro activo, del Lazo viviente, del Alma organizadora del Pleroma ”donde el Uno sustancial y lo Múltiple creado se unen sin confusión en una Totalidad que, sin añadir nada de esencial a Dios, será no obstante una especie de triunfo y de generalización del ser”. El Medio Divino es pues el perfume y los rasgos definidos que deseamos. Reconocemos en él una omnipresencia que obra sobre nosotros, asimilándonos al mismo Cristo. A consecuencia de la Encarnación, la inmensidad divina se ha transformado para nosotros en omnipresencia de cristificación. “Todo lo que puedo hacer de bueno, se halla recogido físicamente, por algo de sí mismo, en la realidad de Cristo consumado. Todo lo que soporto, con fe y amor, de disminución y de muerte, me hace un poco más íntimamente parcela integrante de su Cuerpo místico. Exactamente es Cristo lo que hacemos o experimentamos en toda cosa”. Así, no hay más que una sola Misa y una única Comunión. Cristo ha muerto una vez dolorosamente. En el fondo, desde los orígenes de la preparación mesiánica hasta la Parusía, pasando por la manifestación histórica de Jesús y las fases de crecimiento de su Iglesia, un solo acontecimiento se desarrolla en el Mundo: la Encarnación, realizada en cada individuo por la Eucaristía. Todas las comuniones de una vida constituyen una sola comunión. Todas las comuniones de todos los hombres actualmente vivientes constituyen una sola comunión. Todas las comuniones de todos los hombres presentes, pasados y futuros, constituyen una sola comunión. ¿Hemos considerado lo bastante la inmensidad física del Hombre y sus extraordinarias conexiones con el Universo para poder actualizar así en nuestras mentes lo que contiene de formidable esta verdad elemental? Así, si la Eucaristía influye soberanamente sobre nuestras humanas naturalezas, su energía se extiende necesariamente, por efecto de continuidad, a las regiones menos luminosas que nos sostienen, “descendió a los infiernos” podría decirse. En todo instante,” el Cristo Eucarístico controla, desde el punto de vista de la organización del Pleroma, que es el único verdadero punto de vista para comprender al Mundo, todo el movimiento del Universo” (El Medi Divi, Nova Terra, Barcelona 1968, págs. 143-147)