DOCU_GRUPO People queue outside a government job centre in Madrid

Salir y marchar, esa es la esencia de la aventura humana. Ese es el destino de todo ser humano en el desarrollo de su vida, en el cambio de sus ideas, en el florecer de su personalidad. Todos acabamos siendo distintos de lo que éramos. También todos somos inmigrantes porque, aunque nosotros no cambiemos de país de residencia, el país en que residimos si cambia. Ahora ya no somos solo ciudadanos de nuestro barrio, sino de Europa y África, de China y de la India, de América del Norte y del Sur, y hasta de las islas del Pacífico y de los hielos de la Antártida. A pesar de ser todos inmigrantes, lo somos unos y otros de distinta manera, y los que vivimos en un sitio discriminamos a los que han llegado recientemente de lejanas tierras para acampar en nuestra vecindad. Y esto crea problemas: “El sueño secreto de la mayoría de los inmigrantes es que se los tome por hijos del país. Pasar sencillamente desapercibidos. Algunos lo consiguen, pero la mayoría no. No tienen el acento exacto, el tono de piel adecuado, el nombre, el apellido, el gesto, y todo esto los delata. Muchos de ellos saben que es inútil intentarlo siquiera, y como reacción presumida se hacen aún más diferentes de lo que son en realidad. Algunos van demasiado lejos y su frustración se convierte en oposición” (A. MAALOUF, Identités meurtrieères, 38). Esto por no darnos cuenta de que la identidad múltiple ayuda al crecimiento de la persona y a sus relaciones con los demás, mientras que la identidad única crea conflictos para la persona y para la sociedad, llegando aquí al núcleo de lo que nos ocupa: “No debemos hacer que los inmigrantes se hagan como nosotros. Debemos construir un nuevo ‘nosotros’” (R. PUTNAM, Financial Times, 20 de julio de 2006). Y, ante el problema más grave y urgente del género humano que tenemos hoy, que es el abismo entre ricos y pobres, los inmigrantes nos recuerdan  que tenemos que trabajar para que este abismo vaya desapareciendo (Cf. C. G. VALLÉS, Todos somos inmigrantes, Sal Terrae, Santander 2016).

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