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Por naturaleza el trabajo es en sí mismo un factor múltiple de desposeimiento para todas aquellas personas que lo aceptan sin rebelarse, ya que el trabajo implica esfuerzo. Y cuando este quiere ser creativo nos arranca de la vida pacífica y egoísta. En el trabajo creador hay que superarse constantemente y en este desposeimiento “en virtud de una maravillosa potencia ascendente presente dentro de las cosas, en cada realidad conseguida y superada hace que nos acerquemos al descubrimiento y prolongación de un ideal de cualidad espiritual más elevado” (P.Teilhard de Chardin, El medi divi, Nova Terra, Barcelona 1968, 82).

Pronto ni su familia, ni su país, ni el aspecto remunerador de su trabajo, le serán suficientes. Sentirá la necesidad de crear organizaciones generales, de abrir nuevos caminos, de defender causas más nobles, de descubrir verdades, de alimentar y defender un Ideal. Así, poco a poco, la persona se va desposeyendo y “el gran viento del Universo, que se introduce dentro de ella por la grieta de una acción humilde pero fiel, la va dilatando, la va elevando, se la va llevando” (o. c., 83).