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La no-violencia o ahimsa, según Gandhi es la ley básica de nuestro ser. Y, por tanto, podemos usarla como el más eficaz de los principios para la acción social, puesto que concuerda con la verdadera naturaleza del ser humano, que tiene deseos innatos de paz, justicia, orden, libertad y dignidad personal.
Puesto que la himsa (violencia) degrada y corrompe al ser humano, responder a la fuerza con la fuerza y al odio con el odio no hace más que degenerar a las personas. Por el contrario, la no-violencia sana y restablece la naturaleza de las personas, a la vez que proporciona los medios para restaurar el orden y la justicia social.
La ahimsa no es una política para hacerse con el poder. Es una forma de transformar las relaciones de manera que la transferencia del poder se produzca de manera pacífica, con total libertad y ausencia de presión por parte de todos los implicados, puesto que todos coinciden en que esto es lo correcto. Todas las personas pueden practicar la no-violencia pues está en nuestra propia naturaleza, en lo más profundo de nuestro ser.
La adquisición del espíritu de la no-resistencia, en palabras del propio Gandhi, “es una cuestión que requiere un largo entrenamiento en la propia negación y en la apreciación de las fuerzas ocultas que existen en nuestro interior. Es algo que cambia la propia perspectiva de vida… Es la mayor de las fuerzas, puesto que es la suprema expresión del alma” (T. MERTON, , Oniro, Barcelona 1998, 60)