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Inteligencia Espiritual

Felizmente en el Congreso educar OP2016 ha surgido de nuevo a colación la Inteligencia Espiritual. Después de constatar que el binomio emoción-cognición es indisoluble ya que, según el profesor Francisco Mora, “no hay pensamiento sin el fuego emocional que le da significado. Las ideas tienen un contenido emocional para cada persona, pues activan el sistema límbico de nuestro cerebro”. De ahí afirmar que “sólo aprendemos aquello que amamos, pues es la emoción la que impulsa el aprendizaje”.
Pero el ser humano no sólo es emoción y razón, tiene ansia de sentido, ansia de infinito. Y es ahí donde surge la Inteligencia Espiritual (IES), que según el profesor Francesc Torralba, “nos faculta para tres operaciones: interrogarse por el sentido, desarrollar la capacidad de maravillarse y estimular la potencialidad de la trascendencia, de ir más allá y elevarse”. Es decir, la IES es la “dimensión humana que nos faculta para meditar, orar y abrir horizontes”. En este contexto, el profesor Torralba hizo una distinción, digna de reseñar, entre: a) religiosidad: relación con una realidad que no soy yo estableciendo un vínculo; y b) confesionalidad: sentido de pertenencia a una comunidad que comparte ritos, textos sagrados de una historia de salvación. La dificultad está en confundir estos dos planos, ya que en la escuela se puede educar en la religiosidad y en la “cultura religiosa”, sin entrar en la confesionalidad.
Reflexionar sobre la importancia de la Inteligencia Espiritual puede ser una buena cosa en este tiempo estival. Permítaseme recomendarles el libro La inteligencia espiritual o el sentido de lo sagrado, de la editorial Desclée de Brouwer.