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El autor del artículo publicado en el diario El País el 23 de marzo de 20016 bajo el título Religiones de sustitución afirma que hay personas que han dejado creencias (se refiere a las Religiones) para acogerse con un inflexible fanatismo a otras “religiones de sustitución” citando tres ejemplos: veganismo, animalismo o antitabaquismo, intentando demostrar “cómo una costumbre, o una desafección, se convierte en una fe, luego en una religión, y en algunos casos una mística. Mientras tanto, los libros sagrados -de la religión que sea- y sabios permanecen encerrados en casa, si es que nunca han estado presentes”.
Se entiende que en un estilo periodístico se afirmen tales ideas, pero en propiedad, se hace una mezcla de afirmaciones impropias. Es verdad que si el sentimiento religioso innato en todo ser humano se le tapa, no se le deja fluir adecuadamente, se le ignora e incluso se le aniquila, si no sale ordenadamente por los caminos del corazón (metáfora), nos saldrá por las orejas. Tenemos la prueba histórica de que en los países de ateísmo social férreo, con persecuciones incluidas, a la vuelta de un régimen de libertad, lo que parecía muerto resurge y con que fuerza…
Estas “religiones de sustitución”, me atrevería a decir, no son más que fijaciones psicológicas sobre un tema que se llegan a absolutizar. Pero al ser realidades materiales no podemos establecer con ellas la auténtica “religación con un ser espiritual absoluto”, de ahí la palabra religión, que nos libera de nuestra angustia existencial como personas y nos ofrece un sentido de vida de donación hacia los demás. Por esto, en ningún caso podemos hablar de que estas fijaciones fanáticas, en algunos casos, son religiones y muchísimo menos mística.