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desconciertoLa Comunidad de Bose (Italia) ha publicado unos fragmentos de los escritos del monje Matta el Meskin, que a partir de 1951 llegó al Monasterio de Siria (Deir el Surian) por motivos de salud y se convirtió en su padre espiritual. Este decálogo de la “experiencia de Dios” es el fruto maduro de una vida entera vivida en intimidad con el Señor y del conocimiento del corazón del ser humano:
1. Ni el bienestar, ni la paz interior, ni la impresión de ser escuchados, ni ningún otro sentimiento pueden igualar la acción secreta del Espíritu Santo sobre la persona y hacerla digna de la vida eterna.
2. La oración es la acción espiritual más fuerte que tiene en sí la propia recompensa inmediata, sin necesidad de una prueba afectiva. La oración no puede tener un objetivo más importante que sí misma: ella es el fin más importante del acto más importante.
3. La oración es apertura a la energía activa de Dios, fuerza invisible, fuerza intangible. Según la promesa de Cristo (Jn 6, 37) el ser humano no puede retirarse de la presencia de Dios sin obtener un cambio esencial, una renovación que no aparecerá como una imprevista explosión, sino más bien como construcción minuciosa y lenta, casi imperceptible.
4. El que persevera delante de Dios y persiste en la confianza en él por medio de la oración, recibirá mucho más de lo que esperaba y mucho más de cuanto habría merecido.
5. El que vive en la oración acumula un inmenso tesoro de confianza en Dios. La fuerza y la certeza de este sentimiento superan el orden de lo visible y de lo tangible, porque la persona, en todo su ser, se impregna profundamente de Dios y el ser humano percibe la presencia de Dios con gran certeza, tanto de sentirse más grande y más fuerte de cuanto en verdad es. Adquiere entonces la convicción de otra existencia superior a su vida temporal, pero sin ignorar su propia debilidad, ni olvidando sus propios límites.
6. Este sentimiento de certeza de la presencia de Dios, de su fuerza, produce en la persona una ampliación del campo de percepción de la verdad divina, el desarrollo de la capacidad de discernimiento y de visión. La persona da testimonio entonces al emerger, desde lo profundo de sí misma, de un mundo nuevo, su mundo nuevo amado, el de Jesús, que viene de Dios y no de los sentidos o del yo. Este mundo que el ser humano aprende ya a conocer, según el querer del Espíritu y no de la razón, sin la intervención de la propia voluntad, de sus conocimientos o del esfuerzo humano.
7. La oración es aquel acto esencial en el cual Dios mismo, sin que nosotros nos demos cuenta, obra en nosotros el cambio, la renovación y el crecimiento de la persona.
8. El alcance de la oración es inmenso. Va más allá de quien la hace, ésta llega a toda la humanidad. Según la profundidad de la experiencia, su luz puede extenderse para iluminar las generaciones y testimoniar a Dios a los cuatro ángulos del mundo.
9. La violencia de la influencia del mal, de la injusticia, del amor al dinero que somete al mundo, puede ser templada y su aguijón eliminado sólo gracias a estos hombres, a estas mujeres, a estos jóvenes que con su vida y oración dan un sentido nuevo al mundo, una esperanza nueva a la vida. Esta se renueva a la luz de sus testimonios que se irradia por su renuncia a todo y por la consagración de su vida entera a Dios y a la Verdad.
Ante el terror y el desconcierto por la amenaza de la destrucción del mundo, no tenemos otra salida hacia la paz, la esperanza y la seguridad si no por la vida de las personas de oración que, por la fuerza divina que les habita, pueden aún crear en nosotros la inefable visión de un mundo que no puede ser destruido por el mal (Cf. MATTA EL MESKIN, L’esperienza di Dio nella preghiera, Ed. Qigajon, Comunità di Bose 2010, 9-16)