Ben Hur

En la persona de Jesús de Nazaret tenemos la plenitud de la humanidad y de la divinidad. Es la persona que todos quisiéramos ser. Nuestro modelo. Él es quien nos conduce al Padre. Estas son su palabras: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie se acerca al Padre sino por mí; si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre, aunque ya desde ahora lo conocéis y lo estáis viendo” (Jn 14,6-7).
Hoy Jesús Resucitado sale a nuestro encuentro para invitarnos a una relación personal de amistad con Él y conducirnos al Padre. Él nos llama en los acontecimientos de la vida a condición que sepamos hacerlos resonar en lo más profundo del corazón, lugar donde, gracias al silencio ,se anuncian y germinan grandes cosas. La principal: llegar a ser imagen de Jesucristo.
La máscara de nuestra soberbia nos hace ocultar nuestro verdadero yo, al que hay que desenmascarar para que aflore tanto su grandeza como su miseria. Para esto nada mejor que la oración de recogimiento que nos conduce al sotano del edificio de nuestro yo, para , con humildad, aceptarnos de una manera creativa, pues el Dios que nos habita, nos ama y nos acompaña para “vivir en el amor”.
En nuestro nucleo vital, en nuestro centro, ocurre el encuentro con el Espíritu de Jesús Resucitado que nos acompaña en el camino de la aceprtación de nuestras miserias para procurar ir por la vida sin máscaras y sin afán de poder, procurando cambiar las miserias que se puedan cambiar y lo que no poniéndolo a los pies de Cristo para que Él haga lo que convenga. Por eso, quien acepta sin máscaras su propia realidad no juzga a nadie, bastante tiene con la mochila que lleva, ya que al tener conciencia de nuestra propia realidad nos abandonamos en los brazos de Dios, convirtiendo lo que podría ser un foco de conflictos neuróticos en el fundamento de nuestra libertad., pues no debemos centrar nuestra vida en la noche sino en la luz.