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Newton

El ateísmo, teórico y práctico, existen en la vida real. Continuamente nos encontramos con voces contrarias a la creencia en Dios. Hoy nos encontramos con un obstáculo cultural muy difundido y arraigado. Como un veneno capaz de neutralizar el anuncio evangélico antes de que llegue al corazón. Aunque no actúa como una certeza contraria a la fe, lo hace como una duda que hace suspender el juicio. Es un razonamiento que seduce por su simplicidad: “No es Dios el que ha hecho al ser humano a su imagen, sino que ha sido el ser humano el que se ha hecho un Dios a su imagen”. Es la visión platónica de la realidad, pero invertida. No es ya la materia la que es proyección o imagen ilusoria del mundo divino, sino al contrario, el mundo divino es proyección del hombre histórico y de la naturaleza.
Al llegar al primer curso de Filosofía Antigua, con el profesor Montserrat, en la Universidad Autónoma de Barcelona, éste de un plumazo desechó la sabiduría de san Pablo, justificando su afirmación diciendo que no tenía nada de filósofo, sin caer en la cuenta que el apóstol de los gentiles no se sitúa en el mismo plano racional que la reflexión filosófica. Sus pensamientos no se fundan en un análisis y en una refutación minuciosa, sino que se dirigen al centro del problema, sabiendo que la inspiración viene de Dios:”Mi capacidad viene de Dios, dice Pablo, que me ha capacitado para ser ministro de la nueva alianza; no de la letra, sino del espíritu” (2Cor 3, 5-6).
Así, en nuestro ámbito cultural, cuando se habla de la religión o de Dios, se da por supuesto que son una “ilusión”, que son una proyección de la necesidad inconsciente de protección paterna y materna que la persona humana sigue conservando aun después de haber salido de la infancia. Es lo perverso del “genio de la sospecha”, que tiene la misma raíz que el pecado de Lucifer, que es el prototipo de aquellas persona que, aun conociendo a Dios, no reconocen su gloria ni le dan gracias. San Pablo, después de afirmar categóricamente que “lo invisible de Dios, su eterno poder y divinidad, se pueden descubrir a través de las cosas creadas”, arremete contra aquellas personas que “detienen la verdad con la injusticia… su mente se dedicó a razonamientos vanos y su insensato corazón se llenó de oscuridad” (Rm 1, 18-21). Su pecado no está en la ignorancia, sino en la voluntad, que se niega a seguir el dictado de la conciencia. Lo que en esta época nos falta es humildad, valor desechado por todos como un contravalor ante el superhombre que todos deseamos ser. Humildad para reconocer que somos criaturas ante el Creador. El ser humano existe para gloria de Dios y no para su gloria. “Sólo Dios es Dios”