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lagoSegún Dionisio Aeropagita los místicos son los que han “padecido a Dios” (Nombres divinos II, 9 (PG 3, 648). Viven en su persona, en cierta manera, el proceso de la creación, conforme se narra en la Biblia, del cielo y la tierra, donde se pasa del caos al cosmos, creación nueva, en la que todo es orden, armonía y perfección. La noche oscura del espíritu recuerda en muchos aspectos “el desierto y las tinieblas” de las que habla el libro del Génesis (1,2).

Los místicos son, por excelencia, los que han descubierto que Dios “existe” y que es más real de lo que llamamos realidad. Su misión, dentro del Pueblo de Dios, es la de ser exploradores, como los que entraron primero en la Tierra prometida y volvieron luego a contar lo que habían visto, “una tierra que mana leche y miel” (Nm. 14, 6-9).
La experiencia de los místicos es la que mejor hace resplandecer la absoluta soberanía de la acción de Dios y de la gracia. Los verdaderos místicos son los que se han convertido de una vez y para siempre a la pura fe en Dios y lo manifiestan en la entrega total a sus hermanos.