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The Delta IV Heavy rocket with the Orion spacecraft lifts off from the Cape Canaveral Air Force Station in Cape Canaveral
Hoy que hemos alcanzado la Luna y Marte y nos disponemos a conquistar el universo; hoy que investigamos sin límites los secretos de la naturaleza y desciframos los códigos del genoma humano; hoy que hemos inventado la comunicación interactiva, que navega en el océano virtual de internet y que, gracias a las modernas tecnologías, la Tierra se ha convertido en casa común, una pequeña aldea global, ¿necesitamos un Salvador?
Pero ¿qué decir ante las personas sin esperanza que tienen que dejar su casa y patria para buscar en otros lugares condiciones de vida digna? ¿Qué se puede hacer para ayudar a los que son engañados por los profetas de la felicidad, a los que son frágiles en sus relaciones e incapaces de asumir responsabilidades estables ante su presente y futuro, encaminándose por el túnel de la soledad y acaban frecuentemente esclavizados por el alcohol o la droga? ¿Qué pensar ante quien elige la muerte creyendo que ensalza a la vida? ¿Cómo no darse cuenta de que en el fondo de esta humanidad placentera y desesperada surge una necesidad de ayuda?
El corazón humano desde siempre necesita ser salvado. Y la época postmoderna necesita más aún un Salvador, porque la sociedad en la que vivimos es más compleja y abundan más amenazas para nuestra integridad personal y moral. ¿Quién nos puede defender sino Aquel que nos ama hasta la entrega total en su Hijo?