niño

El pecado hace brotar en el corazón de la persona un sordo rencor contra Dios, hasta el punto de que, si de esta dependiese, querría a veces que Dios no existiera. El verdadero obstáculo para el conocimiento de Dios no es, en la mayoría de los casos, de naturaleza intelectual, sino moral; está más en la voluntad que en la inteligencia. Es un alejarse de Dios para volverse a las criaturas.
Y es que resulta que a Dios sólo lo pueden ver las personas que tienen pensamientos e intenciones puras (“los limpios de corazón”).La persona ofuscada por el pecado no puede ver a Dios, porque el pecado difunde oscuridad y tinieblas dentro del corazón.
Cuando Dios llamó al profeta Isaías, no le dió instrucciones sobre lo que tenía que decir y cómo debía hablar de él. Le tocó simplemente la boca con un carbón ardiendo y le dijo: “Tu maldad queda borrada, tu pecado está perdonado” (Cf. Js 6, 1-9). Cuando se rompe con el pecado se puede experimentar la capacidad y la alegría de anunciar el misterio de Dios. Si no se puede demostrar la existencia de Dios, si se la puede mostrar a través de nuestra vida transformada.