Etiquetas

, , ,

reflejo_en_el_agua_by_maryxfruti-d4kfafx

Mediante la psicología profunda sólo se captan elementos, aspectos, estados de ánimo parciales. Falta tener una percepción global y sintética de nuestra persona como totalidad, ya que la verdad es sólo la totalidad. Para llegar a este conocimiento global de nuestra persona es preciso una medida que solamente puede ser Dios. Kierkegaard se expresa así: “¡Ah, en el mundo se habla muchísimo de las calamidades y miserias humanas! Por mi parte, intento comprender este lenguaje y en más de una ocasión he conocido alguna de aquellas calamidades muy de cerca. ¡En el mundo también se habla muchísimo de las vidas desperdiciadas! Sin embargo, no hay más que una vida desperdiciada, la del hombre que vivió toda su vida engañado por las alegrías o los cuidados de la vida; la del hombre que nunca se decidió con una decisión eterna a ser consciente en cuanto espíritu, en cuanto yo; o lo que es lo mismo, que nunca cayó en la cuenta ni sintió profundamente la impresión del hecho de la existencia de Dios y que él, él mismo, su propio yo existía delante de ese Dios… ¡Ay, yo podría estarme llorando toda la eternidad sobre el hecho de que tanta miseria exista!” (S. Kierkegaard, La enfermedad mortal, Guadarrama, Madrid 1969, 70-71).

La persona que desarrolla su inteligencia espiritual no busca otra cosa que el ponerse ante Dios, que le revela su ser y también su “ser pecador”. El cardenal Newman decía que si alguien le preguntara por qué creía en Dios, le respondería: “Porque creo en mí mismo. Siento que sería imposible creer en mi existencia sin creer también en quien vive como un ser personal, que todo lo ve y todo lo juzga, en mi conciencia. Creo que estoy en lo cierto. ¿Qué como lo se? Se que lo sé” (J.H. Newman, Apologia pro vita sua I y IV, 2, 5).