nada-te-turbe

En el Horeb, ante la zarza ardiendo (Ex 3, 1ss), Dios revela su nombre a Moisés: “Yo soy el que soy”. La tradición lo ha interpretado como una definición de lo que Dios es: el Ser absoluto, como una afirmación de su esencia profunda. Pero la Biblia califica a Dios como “el que vive”. Jeremías dice “El es el Dios vivo” (Jer 10,10) y el mismo Dios le dice a Ezequiel:”Yo soy el que vive” (Ez 33, 11). Israel pretende con esto distinguir a Dios de los ídolos, “que tienen boca y no hablan, tienen ojos y no ven, tienen orejas y no oyen…no sale una voz de su garganta” Sal 115, 5). Lo que Dios le dice a Moisés es :”Yo soy el que existe”. Se trata de una afirmación concreta, no abstracta. Se refiere más a la existencia de Dios que a su esencia, más al existir que el ser.
Aquel día Moisés descubrió que el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob existía, estaba allí, era una realidad presente y actuante en la historia, una realidad con la que se podía contar y que le impelía a llevar adelante un proceso de liberación. A nosotros, ante cualquier tentación de desánimo o desilusión, ante las dificultades, ¿nos basta saber que Dios existe y está presente en nuestras vidas?