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johnLa sabiduría es, por consiguiente, un conocimiento radicalmente personal, a diferencia del conocimiento científico, que hace abstracción de lo que depende de la persona. De ahí se ha deducido que este tipo de conocimiento, de orden espiritual y sobre todo místico, no posee la objetividad y la universalidad reivindicadas por la ciencia, que este tipo de saber es puramente subjetivo e incomunicable. Pero el conocimiento sapiencial posee claramente su objetividad y su universalidad, aunque son de una naturaleza diferente. Así, a diferencia de la ciencia, que, para realizar su análisis, divide la materia en partes más pequeñas, y se va fragmentando conforme progresa en especialidades más y más penetrantes, la sabiduría, hasta cuando recoge los múltiples conocimientos proporcionados por las ciencias, los refiere siempre al centro donde ella se encuentra, al nivel del espíritu, en la inteligencia espiritual, más allá de la razón razonante. En ese lugar interior es donde la sabiduría se desarrolla mediante un continuo trabajo de síntesis. La sabiduría es activa por su trabajo de reflexión y de asimilación a base de experiencia, y contemplativa por su atención a la luz superior que la preside.
El crecimiento de la sabiduría no se puede verificar, como en la ciencia, mediante exámenes, test, mediciones y cálculos. Progresa por medio de una maduración que se inserta en la duración vital, diferente al tiempo mecánico; tiene sus etapas y sus estaciones, como los organismos vivos, como crecen también las virtudes en el corazón y en el espíritu. La sabiduría se manifiesta a través de su fecundidad cuando llega el tiempo, a través de la excelencia y del sabor de sus frutos para quien sabe apreciarlos.
De esta manera describe la sabiduría Miguel de Molinos:
La ciencia es adquirida y luego engendra el conocimiento de la naturaleza. La sabiduría es infusa y engendra el conocimiento de la divina bondad. Aquélla quiere conocer lo que no se alcanza sin trabajo ni sudor; ésta desea ignorar lo mismo que conoce, aunque lo alcanza todo. Finalmente, los científicos están detenidos en el conocimiento de las cosas del mundo, y los sabios viven sumergidos en el mismo Dios.
La razón iluminada en el sabio es una elevación alta y sencilla del espíritu, por donde se ve con vista sencilla y aguda todo lo que es inferior a él y cuanto toca a su vida y estado. Esto es lo que hace el alma sencilla, ilustrada, uniforme, espiritual y totalmente introvertida y abstraída de todo lo creado. Esta es la que mueve y atrae con suave violencia los corazones de los humildes y dóciles, llenándoles con abundancia y suavidad, paz y dulzura. Finalmente dice el Sabio de ella que le trajo todos los bienes juntos en su compañía: ‘Con ella me vinieron a la vez todos los bienes’. (Sab 7, 11)” (Guía espiritual, Libro III, cap. XVII).