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pisando las leyes de Dios
El personalismo no parte del supuesto de la existencia de Dios sino que, afirmando la existencia de la persona, luchará porque esta afirmación termine en la afirmación del Dios personal. El personalismo lucha por una coherencia metafísica una de cuyas exigencias es la aceptación de la existencia de Dios como resultado de una metafísica integral. Todo el problema de Dios vendrá replanteado en el personalismo sobre la base de unos presupuestos más cercanos a la conciencia que en otras épocas. No será una onto-teología, un salto a Dios desde el ser como ha hecho incluso el existencialismo, sino un encuentro con Dios en el marco de la persona. El Dios interior al ser de la persona y de la conciencia. La persona no pierde su autonomía, antes bien la valora cuando admite y reconoce su situación “derivada” y condicionada por otra persona.
El personalismo también aborda el tema del mal, así como el de la libertad. Estos temas y otros pueden discutirse dentro de las coordenadas persona-valores: la persona como ontología y los valores como experiencia, dirigidos éstos por la ontología. El personalismo descubre como se hace presente Dios en nuestra conciencia pura y personal; como irrumpe en el ámbito de la persona, y que dinamismos crea esta presencia. El personalismo supone no solo un acceso nuevo a Dios desde la persona, sino una forma también nueva de entender a Dios y la apertura hacia la persona, con todas las repercusiones que ello supone para el compromiso y fidelidad de la existencia. Esta fenomenología religiosa va a estar presidida por el Dios personal, el Tú absoluto y el amor como categoría intermediaria para entender el fenómeno religioso de la persona. El personalismo toma muy en serio a la persona y sus actuaciones. La teoría religiosa de la persona o la teoría personal de lo religioso suponen un salvaguardar simultáneamente la trascendencia de Dios y la autonomía y consistencia de la persona.