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Según Dean Hamer, responsable del Centro de Genética del Instituto Nacional de Investigación sobre el Cáncer de EE. UU., las personas que poseen en el cromosoma 10 una variante del gen V-MAT2, “manifiestan un mayor grado de espiritualidad”. De ahí que no dude en afirmar que “la fe está en tus genes”. Algunos científicos han verificado que siempre que se abordan temas religiosos o valores que conciernen al sentido profundo de las cosas, no superficialmente, sino con una participación sincera, se producen oscilaciones neurales a 40 hercios procedentes de una zona localizada en los lóbulos temporales de nuestro cerebro, que se la ha denominado “punto Dios”. Así, según esto la espiritualidad pertenece biológicamente a lo humano y no es monopolio de las religiones. Se formulan teorías evolutivas del cerebro que explicarían el origen de la religión en base a estos descubrimientos. Algunos incluso llegan a decir que si se suprimieran estas áreas cerebrales desaparecería la fe en Dios.
Si bien es cierto que durante la oración se activan determinadas áreas del cerebro, la existencia de Dios no depende de que uno lo llegue a experimentar por medio de lo que los creyentes llamamos la experiencia mística. Ésta es subjetiva, mientras que Dios es para el creyente un ser objetivo independiente de él, y del que tiene serias razones metafísicas para admitir su existencia.