Taize-prayer

El año 2005 moría uno de los filósofos más importantes del siglo XX. Un hombre sencillo, a quien debemos una contribución fundamental sobre el papel del lenguaje en la construcción de la identidad personal. El personalista Paul Ricoeur, que en una de sus visitas periódicas a la Comunidad Ecuménica de Taizé, les dijo a los monjes:
“¿Qué es lo qué vengo a buscar, en Taizé? Diría que una clase de experimentación de aquello en lo que creo más profundamente. Es decir, aquello que generalmente se denomina religión tiene que ver con la bondad. Esto está un poco olvidado, de manera particular en algunas tradiciones del cristianismo. Quiero decir que hay una cierta estrechez de miras sobre la culpabilidad y el mal. No es que subestime el problema, porque esto me ha ocupado durante las últimas décadas. Pero lo que necesito verificar, de alguna manera, es que por muy radical que sea el mal, este no será nunca tan profundo como la bondad. Y si la religión, las religiones, tienen un sentido, es el de liberar el fondo de bondad de los seres humanos, ir a su búsqueda, allí donde está totalmente enterrado. Ahora bien, aquí en Taizé veo irrupciones de bondad en la fraternidad entre los hermanos, en su hospitalidad tranquila, discreta, y en la oración, donde veo miles de jóvenes que no tienen una articulación conceptual del bien y del mal, de Dios, de la gracia ni de Jesucristo, pero que tienen una inclinación, un tropismo fundamental hacia la bondad.
Estamos abrumados por los discursos, por las polémicas, por el asalto de aquello virtual. Actualmente, hay una zona opaca, y hay que liberar esta certeza que surge en aquello tan profundo, liberarlo y anunciarlo: la bondad es más profunda que el mal más profundo. Y no sólo tenemos que sentirlo, sino que tenemos que darle un lenguaje. Y el lenguaje de Taizé no es la filosofía, tampoco el de la teología, sino el lenguaje de la liturgia. Y para mí, la liturgia no es simplemente una acción, un pensamiento. Conocemos la bondad a través de las personas que han sido “buenas” con nosotros. Pero la bondad tiene otros lenguajes: unas melodías, unos colores, un ritmo, un ambiente. A través de ellos intuimos que, a pesar de todo, la persona puede romper la cadena de la acción-reacción. En toda persona humana habita un misterio, el Misterio. Un fondo, infinito, de bondad”. Cf. F. GRANÉ, La bondad y su lenguaje, Universitaties, Bulletí nº 137(www.universitatiers.cat)