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La Fe iluminando a la IES (Inteligencia espiritual) purfica a la razón (IR) de su ceguera y la ayuda a ser ella misma, pues la naturaleza espefícica de la fe es la relación con el Dios vivo, encuentro que abre nuevos horizontes mucho más allá del ámbito propio de la IR (Inteligencia Racional).La IES permite  a la IR desempeñar mejor su cometido y ver más claro lo que le es más propio.

La historia de amor entre Dios y el ser humano crea una comunión de voluntad que hace que crezca la comunión de pensamiento (IR) y del sentimiento (IE), de modo que nuestro querer y la voluntad de Dios vayan coincidiendo cada vez más. Así la voluntad de Dios no es algo externo que se me impone a mi propia voluntad, sino que es mi priopia voluntad la que experimenta que Dios está más adentro de mí que lo más íntimo mío (Cf. San Agustín, Confesiones, III, 6, 11). Crece entonces el abandono y confianza en Dios.

El don de ciencia que nos da el Espíritu Santo no se limita al conocimiento humano, sino que a través de la creación nos lleva a percibir la grandeza de Dios y su amor por sus criaturas. Nos sintoniza en profundidad con el Creador y nos hace participar en la claridad de su mirada y de su juicio. Y, desde esta perspectiva descubrimos que el hombre y la mujer son el culmen de la creación, como coronación de un plan de amor grabado en cada uno de nosotros y que nos lleva a reconocernos como hermanos y hermanas. La creación no es una propiedad de la que podemos disponer como nos parezca, ni mucho menos es sólo propiedad de algunos. Lla creación es un don maravilloso que Dios nos ha dado para que la cuidemos y la utilicemos con respeto, gratitud y en beneficio de todos. Pero si no cuidamos la creación, esta nos destruirá.