Etiquetas

,

Imagen

La compasión es un don del Espíritu Santo, una consecuencia del don de la piedad, que de esta manera alimenta a la Inteligencia Espiritual junto con el silencio, haciéndonos ‘contemplativos en la acción´. Así se expresa el papa Francisco:

“La piedad, como don del Espíritu Santo, no tiene aquí el sentido superficial con que a veces la utilizamos: tener lástima de alguien. No, no tiene ese sentido. Se refiere más bien a nuestra relación con Dios, al auténtico espíritu religioso de confianza filial, que nos permite rezar y darle culto con amor y sencillez, como un hijo que habla con su padre. Es sinónimo de amistad con Dios, esa amistad en la que nos introdujo Jesús, y que cambia nuestra vida y nos llena el alma de alegría y de paz.

Este don del Espíritu Santo nos hace vivir como verdaderos hijos de Dios, nos lleva también a amar al prójimo y a reconocer en él a un hermano. En este sentido, la piedad incluye la capacidad de alegrarnos con quien está alegre y de llorar con quien llora, de acercarnos a quien se encuentra solo o angustiado, de corregir al que yerra, de consolar al afligido, de atender y socorrer a quien pasa necesidad”. (Catequesis  mayo 2014)