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Durante el juicio de Nuremberg, después de la segunda guerra mundial, ante la toma de conciencia de tantas atrocidades realizadas por los nazis, el capitán médico ingles que estaba al cuidado de los acusados llega a la siguiente conclusión: “El origen del mal es la falta de empatía”.

El término griego empátheia, recibe también el nombre de Inteligencia Interpersonal, acuñado por Howard Gardner, y se refiere a la habilidad cognitiva de una persona para comprender el universo emocional de otra.La Inteligencia Emocional (IE) es el sistema en el que se engloban todas las habilidades relacionadas con la comunicación entre una persona y los sentimientos (ya sean propios o ajenos). Está compuesta por cinco destrezas: 1) autoconciencia (comprender el origen de los sentimientos); 2) control emocional (aprender a canalizar positivamente las emociones); 3) motivación  (encontrar razones para la superación y tener la capacidad de motivar a otros); 4) manejo de las relaciones (relacionarse sanamente, respetando a los otros y haciéndose respetar); y, 5) La empatía, que es la quinta habilidad, y es la que nos permite percibir los sentimientos de los otros y hacer que se sientan menos solos. No es un don, todos podemos desarrollarla si lo deseamos, basta con abrir la mente e intentar captar la vida del otro desde su perspectiva y no desde nuestros ojos.

Mahatma Gandhi sostenía lo siguiente “las tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista”; en coherencia con ello, él decidió no proceder con violencia en su propósito por lograr la independencia de su país, y contra todo pronóstico la “resistencia pacífica” que propulsó fue el arma decisiva en la consecución de la ansiada liberación de su patria, la India.