ImagenUna cosa es indagar como es el mundo físico, cual es su génesis y otra cosa es interrogarse por el sentido del mismo. La ciencia no tiene nada que decir sobre el sentido de nuestra vida, pues excluye, por principio, estas cuestiones tan candentes para la persona, que no se conforma con vivir entre las cosas y las demás personas. La inteligencia espiritual no viene a suplir ni a desvalorizar ni a la Inteligencia cognitiva, la Razón, ni a la inteligencia emocional, la Emoción. Viene a darles plenitud de sentido, de fuerza, de orientación. Viene a iluminarlas por dentro, proporcionando Paz y Felicidad. Ya que según afirman los profesores de Esade, Ángel Castiñeira y José Mª Lozano “la inteligencia espiritual apunta al desarrollo de capacidades genuinamente humanas, como la capacidad de silencio, de asombro y admiración, de contemplar, de discernir (y no solamente decidir), de ampliar los contextos en los que situamos nuestras vidas…, en definitiva, al desarrollo de una cierta profundidad existencial y vital. Estas, y otras, capacidades humanas han sido elaboradas mediante símbolos y prácticas por las diversas tradiciones religiosas, aunque no sólo por ellas”. Así pues, la (IES)  relaciona el espíritu y la materia, se ocupa de la trascendencia, de lo sagrado, de los comportamientos virtuosos: perdón,  gratitud,  humildad y compasión, de comprender que somos parte de un todo con el cual necesitamos  estar en contacto. Si la persona se olvida de desarrollar la inteligencia espiritual, es decir, su conciencia, es decir su persona,  degrada lo que es más importante de la vida. La (IES) nos capacita para la sabiduría, nos capacita para conocer  toda la realidad, a condición de que salgamos de nosotros mismos. La sabiduría es una actitud que surge de la experiencia y, por lo tanto, presupone intuición y acción.