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enterramiento-neandertal No hay signos de conciencia ni en las bacterias, tampoco en los organismos unicelulares o pluricelulares simples, ni en los hongos o en las plantas. Ninguno de estos organismos tiene cerebro y mucho menos mente. Y si no existen neuronas, el comportamiento es limitado y la mente no es posible. Y si no hay mente entonces tampoco hay conciencia, sólo precursores de la conciencia. La aparición de la conciencia estuvo vinculada a cambios evolutivos en el cerebro, en el comportamiento y en la mente que, en última instancia, condujeron a la cultura, una novedad radical en la gran trayectoria de la historia natural. La aparición de las neuronas, que trajo consigo la diversificación del comportamiento allanó el camino a la aparición de la mente, que constituye sin duda un acontecimiento trascendental en la gran trayectoria evolutiva. A medida que este desarrollo se hizo más complejo, se pusieron en juego funciones como la memoria, el razonamiento y el lenguaje que fueron a su vez evolucionando, así como el arte, que, fue un medio privilegiado con el que realizar intercambio de información objetiva y emocional considerada importante para los individuos y la sociedad, algo que se consolidó en los primeros poemas épicos, en el teatro y la escultura. Desconocemos cuál fue la relación exacta entre la aparición del lenguaje, por un lado, y, del otro, la explosión de la expresión artística y de una sofisticada industria de elaboración de herramientas que caracterizan al Homo sapiens, pero sabemos que desde hace decenas de miles de años los seres humanos tenían unas costumbres funerarias tan sofisticadas que les llevaban a dar un trato especial a los muertos y a emplear el equivalente de nuestras losas sepulcrales. Esto resulta inconcebible sin  una vigorosa conciencia subjetiva.