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En los Temas de debate de La Vanguardia (1 de septiembre de 2013) se habla de una “Espiritualidad laica”.El análisis lo hace Marià Corbí, director del Centro de Estudio de las Tradiciones Religiosas (CETR), con su artículo Cultivas la cualidad humana, del que extraigo los siguientes fragmentos:

Hay un grito, quizás angustioso, que clama por buscar con urgencia la cualidad humana,la espiritualidad de nuestros antepasados, cuanto más honda mejor, para gestionar sociedades de potentes ciencias y tecnologías, de lo contrario se podrían volver contra nosotros, contra las especies vivientes y contra el medio, como ya está ocurriendo… Los cambios afectan a todos los niveles de nuestra vida: el crecimiento acelerado de las ciencias cambia constantemente la interpretación de la realidad, las tecnologías cambian continuamente nuestras formas de incidir en ella, nuestras formas de trabajar, de organizarnos y, como consecuencia, nuestras formas de sentir y actuar… El cultivo de la espiritualidad, de la cualidad humana que fomentaban las religiones, tendremos que estructurarlo y motivarlo sin creencias, sin religiones ni sumisiones, como una indagación laica y libre individual y colectiva, pero heredando toda la sabiduría que durante milenios acumularon las religiones y tradiciones espirituales de la humanidad. En una sociedad globalizada, todas las religiones espirituales y tradiciones espirituales ya son nuestras… Hay que aprender a heredar el pasado sin tener que vivir como ellos. Una sociedad de conocimiento, sin cualidad humana es una grave amenaza para el planeta.

Y la Clave sobre el tema lo ofrece María José Frápolli, catedrática de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Granada, con su artículo De naturaleza espirituales donde se afirma:

Nuestra naturaleza es ser espirituales… Los humanos, así como la materia de la que estamos hechos y la actividad racional sostenida por ella, somos parte de un mundo natural con impresionantes logros espirituales. La Declaración Universal de los Derechos Humanos, uno de ellos, es espiritualidad laica en estado puro… Una trampa en la que caemos al hablar de espiritualidad es suponer que la ética está vacía si no se fundamenta en la creencia en un ser externo al individuo que dicta lo que es correcto. Sin embargo, la ética que emana de nuestra conciencia de seres autónomos representa un estadio superior en nuestro desarrollo como seres humanos.El imperativo kantiano condensa la esencia de racionalidad madura, que exige la toma de decisiones y la asunción de sus consecuencias.

Estas afirmaciones me han sugerido las siguientes consideraciones:

1.La aspiración de Marià Corbi hacia la creación de una “espiritualidad laica” hace pensar, con matices, en el movimiento de la Nueva Era: Los sociólogos y los historiadores de la religión que se han ocupado de este tema responden que no se trata de un movimiento religioso, de una religión o de una secta, sino del resultado de una red global, que conecta centros y grupos que entre ellos tienen algunos temas de referencia en común, pero sin que esta vinculación sea estable, permanente o jerárquica para crear un movimiento. La red de la Nueva Era se escabulle de las definiciones precisas, pero es posible describirla en clave psicológica, histórica, sociológica o doctrinal. Los diferentes componentes de la red pueden ser inventariados siguiendo sus intereses respectivos psicoterapéuticos, religiosos o políticos. Éstos preceden al fenómeno de la Nueva Era pero en cierto sentido son modificados por su participación a la red. Lo que une a la red del Nueva Era es un espíritu “alternativo” a la tradición religiosa dominante en Occidente, que es la cristiana, y la esperanza de una nueva era, o sea, la New Age o la Era de Acuario, que tomará el lugar de la Era de Piscis. Desde este punto de vista, un estudio histórico-sociológico tiene en cuenta el elemento doctrinal, aunque constata que la Nueva Era declara no tener una doctrina, como mucho propone una “vaga espiritualidad”, dejando así el esfuerzo de reconstrucción doctrinal a cargo del intérprete1.

  1. En cuanto a la referencia que hace María José Frajoli sobre la “fundamentación de la ética”, hay que tener en cuenta que la ciencia, que comienza estudiando las relaciones entre partículas elementales de la materia, no debe pararse ante la aparición de la conciencia en el ser humano y debe abrirse a la trascendencia. El universo está atravesado por la presencia de Dios y requiere una visión unitaria del mismo, que debe aportar la ciencia, ya que esta es más que un conjunto de conocimientos sobre la naturaleza que sirven para el progreso tecnológico. La ciencia constituye la base de una futura unidad humana, que cuando es penetrada por la fe, es fuente de mística. La ciencia no se opone a la religión sino que la prepara. La ciencia nos ayuda a encontrar el sentido de la realidad. Si bien hay que respetar la autonomía entre fe y ciencia, es necesario que no se ignoren y dialoguen. Dios no es el fruto esperado del universo, sino que es el fruto inesperado de este mismo universo ya que al sumergirse en éste por la encarnación, se somete a las leyes de la evolución y en un momento determinado, “al llegar la plenitud de los tiempos”, emerge el Hijo del Hombre, de la misma manera que emergió la materia, como emergió la vida, como emergió la conciencia. Y esto es así, ya que la consistencia de las cosas no nace de ellas mismas. El único factor estable es el Cristo Universal, semilla divina que hace “evolucionar a la evolución”.

Concluyendo: Si esta búsqueda de una “cualidad humana”, como se denomina a la espiritualidad laica quiere llegar a buen puerto y no quedarse con “formas huecas de espiritualidad sin fundamento”, debe ir por caminos de profundización interior gracias al silencio, la sabiduría y la mística. Es decir, desarrollando en plenitud nuestra inteligencia espiritual2.

J. L. Vázquez Borau

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1Cf. M. INTROVIGNE, La Nueva Era, respuesta equivocada a la búsqueda de sentido, Zenit, Turín, 17 marzo 2003.

2 Cf. J. L. Vázquez Borau, La ingteligencia espiritual o el sentido de lo sagrado, Desclé de Brouwer, Bilbao 2010.