¿Qué importancia tienen los cuentos?

Etiquetas

libroabierto

Los cuentos nos han acompañado desde nuestro origen: nacemos y crecemos con los cuentos. Las narraciones han estado presentes desde los inicios de la humanidad. La transmisión de conocimientos, de cultura y, más aún, de sabiduría ha estado acompañada de cuentos en todas las civilizaciones. Abelardo Díaz Alfaro señala: «El cuento es, para mí, síntesis poética; se acerca en mi concepto a lo que es en poesía el soneto. No puede en este género perderse una sola línea, un solo trazo. La trama es secundaria en el cuento. Ésta puede ser elemental y, sin embargo, resultar efectiva si el tratamiento es adecuado». Baquero Goyanes, en su libro El cuento español en el siglo XX, puntualiza: «El cuento es un precioso género literario que sirve para expresar un tipo especial de emoción, de signo muy semejante a la poética, pero que no siendo apropiado para ser expuesta poéticamente, encarna en una forma narrativa próxima a la novela pero diferente a ella en la técnica e intención».
No debemos considerar al cuento como género menor o como hermano pequeño de la novela. En rigurosa cronología, el cuento nació primero, sólo que es hasta el siglo XIX cuando adquiere la mayoría de edad, en tanto que la novela moderna parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha en 1605. “Se ha dicho —señala Julio Cortázar— que el periodo entre 1829 y 1832 ve surgir el cuento como género autónomo. En Francia aparecen Merimée y Balzac, y en EU Hawthorne y Poe”. Lo curioso de su existencia es que es justo su brevedad la que le permitió ser oral por largo tiempo, ir de boca en boca sin necesidad de escribirlo, lo que retrasó su desarrollo.
Es proverbial el gran poder y la “magia” que poseen los cuentos. Tienen un sugerente poder evocador, incluso terapéutico. Son capaces de acceder directamente a las emociones. Enseñan una sabiduría que, en ocasiones, supera a los grandes discursos. Los cuentos instan a imaginar, a crear, a soñar. Enseñan, consuelan, curan, cierran heridas, abren esperanzas. Remueven contenidos conscientes e inconscientes y nos ayudan a procesar nuestra propia historia personal. Pueden llegar a ser sencillos pilares en la transformación de nuestra vida. Benditos sean los cuentos.

¿Qué poder tiene el silencio?

Etiquetas

Valladolid_Rodin_expo_2008_Pensador_03_ni1
Me han llamado poderosamente la atención estas palabras extraídas de un entrevista al pensador Ramón Andrés: “Hoy hemos perdido la capacidad de comunicarnos de un modo complejo. Es decir: las palabras. Su peso. Y por eso somos muy pocas veces nosotros. Cada vez hablamos más desde el ágora de voces que llevamos dentro, en vez de hablar desde nuestra voz. Cada vez aceptamos más las opiniones generadas desde los medios de comunicación. Por eso es importante el silencio, porque nos permite escuchar otras cosas que no vienen de ese mundo atronador e impreciso. La sociedad no ha construido lugares de silencio. Hemos olvidado que el silencio es un arma. Nada que ver con la trascendencia. Ers mucho más inquietante una manifestación multitudinaria en silencio que otra llena de gritos, tambores y megáfonos. No dar señales es el primer paso para no estar controlados, ni localizados. Nada inquieta más al poder, al sistema, que el silencio”.
Y más delante de la entrevista afirma: “El silencio cuestiona. El ruido social de fondo tiene el propósito de no dejarnos oír nada. Nos aturden con miles de noticias, con artefactos de consumo que no necesitamos. El propósito es que no paremos a pensar. Que mantengamos permanentemente la dependencia de algo. Hoy los súbditos no somos encadenados, sino que estamos atados a golpe de ruido, confusión y necesidad de consumo” (R. ANDRÉS, Europa es un artículo de lujo con acceso sólo para unos pocos, El Mundo, Madrid 29/4/2017).
Estos lugares de silencio han sido y son los monasterios y las fraternidades de acogida y oración en nuestra sociedad. Las iglesias locales podrían tener también esta función. Es de difícil explicación que permanezcan cerradas o que se tenga que pagar para acceder a ellas, especialmente en este momento histórico de movimiento de las personas. Además de lo que dice Ramón Andrés, el silencio nos ayuda a encontrar el sentido de la vida que siempre es trascendente.
José Luis Vázquez Borau

¿Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien?

Mártires-jesuitas-UCA-599x275

¿Cómo entender las palabras del evangelio, de que debemos alegrarnos cuando nos persigan a causa de Jesús? ¿De qué persecución se trata? No es una persecución que nace del odio étnico, social o religioso, ya que este tipo de persecución lo sufren muchas personas en el mundo por ser mujeres, albinos, gitanos, judíos, extranjeros, homosexuales o cristianos. Este tipo de persecución responde a los conflictos del mundo, que es muy complejo y plural. La persecución de la que habla el Evangelio no es esa, sino la consecuencia del anuncio del Reino de Jesús, denunciando las injusticias que generan pobreza, hambre y desgracia. Es consecuencia, también, de la denuncia del conformismo de quienes aceptan el  statu quo y el desenmascaramiento de los intereses de cualquier tipo, también los religiosos, que legitiman sistemas injustos. Entonces somos bienaventurados.

¿La mística cristiana es panteísta?

Taize-prayer
Siguiendo el pensamiento de Teilhard de Chardin, podría parecer que “por su fe en el valor celeste del esfuerzo humano, por su expectación hacia un nuevo despertar de las facultades de adoración que están adormecidas en el Mundo, por su respeto hacia las fuerzas espirituales todavía inclusas en la Materia”, el cristiano podría parecerse singularmente a los adoradores de la Tierra, pero esto es simplemente un parecido externo. Tal como la Iglesia nos lo revela, “en el seno del Medio Divino las cosas se transfiguran, pero por dentro. Interiormente se bañan en luz, pero en esta incandescencia conservan -y aun mejor exaltan- lo que hay de más definitivo en sus rasgos. No podemos perdernos en Dios más que prolongando allende sí mismas las determinaciones más individuales de los seres: he aquí la regla fundamental mediante la que se distingue siempre al auténtico místico de sus falsificaciones. El seno de Dios es inmenso, ‘multae mansiones’. Y, sin embargo, en esta inmensidad no hay para cada uno de nosotros en cada instante más que un lugar posible, aquel en que nos sitúa la fidelidad, continuada a los deberes naturales y sobrenaturales de la vida”. Así, “el Cristo místico, el Cristo universal, de San Pablo, no puede tener sentido ni, valor ante nuestros ojos sino como una expansión del Cristo nacido de María y muerto en Cruz. De éste saca aquél ‘esencialmente su calidad fundamental de ser incontestable y concreto. Por lejos que se deje uno llevar por los espacios divinos abiertos a la mística cristiana, nunca se sale del Jesús del Evangelio. Por el contrario, se siente necesidad creciente de envolverse cada vez más sólidamente en su verdad humana”(TEILHARD DE CHARDIN, El Medi Divi, Nova Terra, Barcelona 1968, 138-139)

¿Cuál es la fuente original de toda la realidad?

Etiquetas

Cruz

Según Teilhard de Chardin en su libro El Medio divino, toda la realidad deriva de una sola perfección “fontanal”: “Descubrimos a Dios cuando le buscamos en nuestros tanteos, como un medio universal, en tanto que es el punto último en el que convergen todas las realidades. Cada elemento del mundo, sea el que fuere, no subsiste hic et nunc sino a manera de un cono cuyas generatrices (al término de su perfección individual y al término de la perfección general del Mundo que las contiene) se enlazaran en Dios que las atrae. Por tanto, todas las criaturas, en tanto que lo son, no pueden ser consideradas, en su naturaleza y en su acción, sin que en lo más íntimo y más real de ellas mismas, como el sol en los fragmentos de un espejo roto, no se descubra la misma Realidad, una bajo la multiplicidad, inasible en su proximidad, espiritual bajo la materialidad. Ningún objeto puede influir sobre nosotros por el fondo de sí mismo sin que sobre nosotros también irradie el Foco universal”. Porque Dios es el centro, ocupa toda la esfera.
Por esto, “abandonamos la superficie. Y sin dejar el Mundo, hundámonos en Dios. Allí y desde allí, en él y por él, todo lo tendremos y mandaremos en todo. De todas las flores y las luces que hayamos debido abandonar para ser fieles a la vida, allí un día hallaremos su esencia y su fulgor. Los seres que desesperábamos poder alcanzar y, aún más, influenciar, allí están reunidos por el vértice más vulnerable, el más receptivo, el más enriquecedor de su sustancia. En este lugar se recoge y se conserva el menor de nuestros deseos, y de nuestros esfuerzos, que puede hacer vibrar instantáneamente a todas las médulas del Universo”. (TEILHARD DE CHARDIN, El Medi divi, Nova Terra, Barcelona 1968, 135-136)

¿Oramos, como Teilhard de Chardin, a la Providencia divina?

Etiquetas

Teilhard de Chardin

Oh Tú, cuya llamada precede al primero de nuestros movimientos,
concédeme, Dios mío, el deseo de desear ser,
a fin de que por esta divina sed misma que me has dado,
se abra en mí ampliamente el acceso a las grandes fuentes.
El gusto sagrado del ser,
esta energía primordial, este primero de nuestros puntos de apoyo,
no me lo quites, Dios mío: “Confírmame con tu espíritu.”
Y Tú, además,
Tú, cuya sabiduría amante me forma a partir de todas las fuerzas
y de todos los azares de la Tierra,
permíteme que esboce un gesto cuya eficacia plena
se me aparezca frente a las fuerzas de disminución y de muerte;
haz que tras haber deseado, crea, crea ardientemente,
crea en tu presencia activa sobre todas las cosas.
Gracias a Ti, esta espera y esta fe están ya llenas de virtud operante.
Pero cómo podré testimoniarte y probarme a mí mismo,
mediante un esfuerzo exterior,
que no soy de los que dicen tan sólo a flor de labios: “¡Señor, Señor!”
Colaboraré en tu acción previsora, y lo haré de modo doble.
Primero, responderé a tu inspiración profunda que me ordena existir,
teniendo cuidado de nunca ahogar, ni desviar,
ni desperdiciar mi fuerza de amar y de hacer.
Y luego, a tu Providencia envolvente,
que me indica en todo instante,
por los acontecimientos del día, el paso siguiente que he de dar,
el escalón que he de subir a esta Providencia
me uniré mediante el cuidado de no perder ocasión alguna
dé subir “hacia el espíritu”.

Teilhard de Chardin, El Medio Divino, http://www.bibliotecaespiritual.com/pdf, 22.

¿La Creación es un lugar sagrado?

Etiquetas

,

bellos-paisajes
Teilhard de Chardin nos ayuda a encontrar la respuesta: “Valiéndose de todas las criaturas, sin excepción alguna, lo Divino nos asedia, nos penetra, nos fragua. Lo pensábamos lejano, inaccesible: vivimos hundidos en sus ardientes. capas. ‘In eo vivimus…’ En verdad, como decía Jacob al salir del sueño, el Mundo, este Mundo tangible, por el que arrastramos el aburrimiento y la irreverencia reservados para los lugares profanos, es un lugar sagrado, ¿y no lo sabíamos? ‘Venite, adoremus’”. Y nos da esta recomendación: “Abandonemos la superficie. Y sin dejar el Mundo, hundámonos en Dios. Allí y desde allí, en él y por él, todo lo tendremos y mandaremos en todo. De todas las flores y las luces que hayamos debido abandonar para ser fieles a la vida, allí un día hallaremos su esencia y su fulgor. Los seres que desesperábamos poder alcanzar y, aún más, influenciar, allí están reunidos por el vértice más vulnerable, el más receptivo, el más enriquecedor de su sustancia”.
Llegados a este punto Teilhard describe de un modo maravilloso a Dios (Medio Divino): “La maravilla esencial del Medio Divino es la facilidad con la que reúne y armoniza en sí mismo las cualidades que nos parecen ser más contrarías. Inmenso como el Mundo y más temible que las más inmensas energías del Universo, el Medio Divino posee, sin embargo, en grado superlativo, la concentración y la precisión que constituyen el encanto y la cordialidad de las personas humanas. Innumerable y vasto, como la onda centelleante de las criaturas que sostiene y sobreanima su Océano, el Medio Divino conserva al mismo tiempo la Trascendencia concreta que le permite reunir sin confusión a su Unidad triunfante y personal los elementos del Mundo. Incomparablemente próximo y tangible, puesto que nos presiona mediante las fuerzas todas del Universo, el Medio Divino huye tan continuadamente de nuestro abrazo, que aquí abajo jamás podemos aprehenderlo, si no es alzándonos hasta el límite de nuestro esfuerzo, elevados por su misma onda, presente y atrayente en el fondo inaccesible de toda criatura, se retira cada vez más lejos, y nos arrastra consigo hacia el centro común de toda consumación. Alcanzo a Dios en aquellos a quienes amo, en la medida en que ellos y yo nos espiritualizamos cada vez más. Asimismo, le aprehendo en el fondo de la Belleza y de la Bondad, en la medida en que las persigo cada vez más lejos, con facultades incesantemente purificadas. Por el Medio Divino el contacto con la Materia purifica y la castidad florece como sublimación del amor. Por el Medio Divino el desarrollo lleva a la renuncia. El asimiento a las cosas nos aparta de cuanto tienen de caduco. La muerte se convierte en una resurrección” (TEILHARD DE CHARDIN, El medi divi, Nova Terra, Barcelona 1968, 133-134)