¿Sendero Luminoso?

El 11 de septiembre de 2022 moría en la prisión de Lima, a los 86 años, Abimael Guzman, también conocido por el «camarada Gonzalo», profesor de filosofía y fundador y máximo líder del Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso (PCP-SL), un partido comunista revolucionario y grupo armado maoísta, fundado en 1970 y activo en el Perú, el cual dio comienzo al conflicto armado interno (1980-2000). El apelativo «intelectual del terror», según la crónica del escritor peruano Santiago Roncaglioio (El País, 14/9/2021), lo justifica al no participar en ningún enfrentamiento militar, ya que no era capaz de realizar físicamente ninguna de esas acciones. En su casa tampoco había armas. Después de la lectura de los periódicos y obtenidas las informaciones, estudiaba los lugares donde había descontentos populares. Pedía a sus colaboradores informaciones que procesaba en su oficina del terror. Seguidamente planeaba campañas para captar los descontentos y tomar el control de estas comunidades. Generalmente, para conseguir sus fines, eliminaba a los líederes, alcaldes o cualquier tipo de autoridad. Con este sistema logró controlar un tercio del territorio nacional. No daba discursos ni salía en televisión, pero el era el verdadero gobierno de buena parte de la Sierra peruana.

Guzman, hijo ilegítimo de un próspero hacendado, fue acogido por su padre, educado en un colegio religioso y obtuvo dos carreras, pero no podía heredar nada, quedando al margen de la clase social que lo rodeaba. Tenía en él un coptel explosivo: la rabia de los pobres y la formación académica de los ricos. Y esta fue su estrategia: Durante los años sesenta llegó a ser jefe de personal del departamento de Educación en la universidad San Cristóbal de Huamanga, Ayacuso. Desde esta plataforma irradió profesores maoístas hacia los colegios de toda la Sierra Sur. Así, cuando inició la lucha armada en 1980, había formado una generación entera de jóvenes.

Los alumnos de Guzman estaban dispuestos a matar incluso sin armas, cuerpo a cuerpo, con piedras y cuchillos, ya que su jefe se negaba a comprar armas para no depender de otras guerrillas o Estados. Abimael les había hablado de la «cuota de sangre» para cambiar la historia. La muerte los convertía en heroes.Y si alguna acción no salía bien, los miembros del comando organizaban una asamblea para culpar al camarada encargado, por permitir que su miedo, su incapacidad o su individualismo estropeasen el plan. Su objetivo era volar el Estado en pedazos.

Bajo el liderazgo de Guzman, Sendero Luminoso asesinó más de 30.000 personas. Logró crecer donde el Estado no existía. Puso profesores donde no los había, aunque fuesen profesores fanáticos. Hizo juicios donde no había jueces y ofreció una milicia a la población.Su muro de contención han sido los servicios públicos, y en particular la educación. Algunos remanentes de Sendero Luminoso han continuado activos, aunque en 1999 abandonaron el objetivo de Guzmán de “derrocar al estado”. Sus nuevos cabecillas optaron por dedicarse a la extorsión y el narco. Se convirtieron en una secta terrorista basada en el culto a la personalidad de Guzmán y en una lectura dogmática leninista y maoísta del poder político. Desde hace más de veinte años ningún grupo armado reivindica a Guzmán ni ha cometido actos terroristas en su nombre. Pese a ello, se escucha a diario a políticos, líderes de opinión y una parte mayoritaria de la prensa hablar de los senderistas como si existieran columnas armadas atacando a diestra y siniestra. Esto ocurre porque no ha habido un proceso de reconciliación en el país, pese a los esfuerzos de la Comisión de la Verdad, un ente que trató de esclarecer los crímenes y divulgar un relato común. “Guzmán ha muerto sin pedir perdón y Fujimori purga su condena sin mostrar arrepentimiento por sus crímenes. Este largo periodo de violencia ha dejado traumas muy reales en las personas. En lugar de propiciar superarlos, se usa el trauma políticamente, manipulando el miedo, gobierno tras gobierno”. La Comisión de la Verdad señala que la violencia dejó como saldo más de 69.000 muertos, y Sendero Luminoso fue el responsable de más de la mitad de ellos. A su vez, las fuerzas del orden causaron miles de víctimas fatales y más de 20.000 desaparecidos. Por otro lado, el régimen de Fujimori usó como pretexto la lucha contra Sendero Luminoso para que un destacamento del Ejército asesinara a opositores, entre ellos líderes sindicales y universitarios. Decenas de militares han afrontado juicios por violación de derechos humanos entre 1980 y 2000, y militares y policías que combatieron el terrorismo han llegado al Parlamento en partidos de derecha y extrema derecha. Los grupos conservadores asocian de forma tácita el modelo económico del libre mercado, impuesto luego del autogolpe de Fujimori en 1992, con la victoria sobre Sendero Luminoso. Por eso que todo aquel que cuestione el modelo económico es calificado como pro-senderista o terrorista. El nuevo y flamante Presidente Peruano, Pedro Castillo Terrones, ha declarado: «Falleció el cabecilla terrorista Abimael Guzmán, responsable de la pérdida de incontables vidas de nuestros compatriotas. Nuestra posición de condena al terrorismo es firme e indeclinable. Solo en democracia construiremos un Perú de justicia y desarrollo para nuestro pueblo».De una manera o de otra, lo que queda patente es que la violencia, de cualquier orden, no es el camino de la construcción de un pueblo.

¿La alienación de nuestro yo tiene que ver con nuestros problemas políticos y sociales?

Cuando las personas pierden sus propias raíces y no saben quien son, se despierta en ellas una necesidad interna de poner el poder y la posesión por encima de todo. Así, por un lado, dominar a otra persona y desprestigiarla transmite un sentimiento de libertad, porque libera de la carga de la propia condición de víctima. Y, por otro, la alienación interna y de identificación con el agresor causan heridas profundas en las personas. ¿Cómo se puede entender, sino, que tantas personas, tantos pueblos, tantas ciudades, tantas naciones a veces soporten un solo tirano que no tiene más poder que el que ellos mismos le dan?

Simone Weil en su estudio La fuente griega (Trotta, Madrid 2005), vuelve su mirada al poema de Homero, pero lo hace para encarar el lado vulnerable de la explosión de energía que enloquece, aprisiona, al alma humana. Aun en unas circunstancias tan lejanas a las descritas en la Ilíada y a las del momento en que redactó Weil su texto,1939 y 1940, después de la caída de Francia ante la embestida nazi, esa gran obra homérica y el comentario de la escritora francesa no han perdido su conmovedora frescura. Para Simone Weil la fuerza atraviesa la naturaleza y la sociedad y su imperio arrastra a los humanos, ya la ejerzan o la sufran. La organización social nos libera de la opresión que nos imponen las fuerzas naturales, pero, tenemos la opresión de la vida social, que adopta la forma de una carrera sin fin hacia el poder y se manifiesta en la guerra, en la esclavitud o en cualquier forma de trabajo que nos aliene. El ser humano acaba inevitablemente petrificado por la fuerza, que aplasta a quien la sufre y embriaga a quien la ejerce. Simone Weil advierte que en La Ilíada la guerra es un juego de balanza, un movimiento pendular que hace pasar de la dicha de la victoria a la desgracia de la derrota de un lado al otro y viceversa. Simone Weil observa en esta peculiaridad del poema homérico una sanción de rigor geométrico que castiga el abuso de la fuerza en quien sobrepasa los límites de su uso. Para Simone Weil esta balanza de la fuerza constituye el alma de la epopeya. Pero el movimiento pendular de la guerra es un estado en el que la muerte siempre está próxima, amenazante. El hombre se acostumbra a vivir en guerra, se enajena en la proximidad de la muerte violenta, se somete a la fuerza, incluso la adora. Los humanos llegamos a creer que la guerra no puede desaparecer. Pero el alma humana clama por la liberación y la conciencia de nuestro sometimiento y la vulnerabilidad común pueden ser los fundamentos de una sociedad más compasiva atenta constantemente ante cualquier abuso. (Cf. J.L. Vázquez Borau, Simone Weil y los crucificados de la tierra, Digital Readers, Madrid 2021, 56-59)

¿El universo no tiene ningún sentido ni trascendencia?

Ha fallecido en 2021 el Premio Nobel de Física en 1979 y conocido defensor del materialismo científico, Steven Weinberg (1933-2021) y no menor ateo, que afirmó que «cuanto más comprensible parece el universo, menos sentido parece tener» (Cf.S. Weinberg, Los primeros tres minutos Alianza Editorial, Madrid 2016). Tiene también una famosa cita pronunciada en 1999 durante un discurso en Washington D. C.:» La religión es un insulto a la dignidad humana. Con o sin religión siempre habrá buena gente haciendo cosas buenas y mala gente haciendo cosas malas. Pero para que la buena gente haga cosas malas hace falta la religión». Wilberg elimina incluso el Dios de los científicos y lo sustituye por un ateísmo puro que está convencido de que ahí fuera no hay dioses, sino leyes de la naturaleza. En su radicalidad va más allá de Isaac Newton, que interpretó que sus hallazgos eran una prueba de la existencia de Dios: «Este precioso sistema del Sol, los planetas y los cometas solo puede manar del consejo y dominio de un ser inteligente y poderoso» (Cf. I. Newton, Principios Matemáticos de la Filosofía Natural, Alianza Editorial, Madrid 2011). O como Charles Darwin concluía su principal obra de la siguiente manera: «Es interesante contemplar un enmarañado ribazo cubierto por muchas plantas de varias clases, con aves que cantan en los matorrales, con diferentes insectos que revolotean y con gusanos que se arrastran entre la tierra húmeda, y reflexionar que estas formas, primorosamente construidas, tan diferentes entre sí, y que dependen mutuamente de modos tan complejos, han sido producidas por leyes que obran a nuestro alrededor. Estas leyes, tomadas en un sentido más amplio, son: la de crecimiento con reproducción; la de herencia, que casi está comprendida en la de reproducción; la de variación por la acción directa e indirecta de las condiciones de vida y por el uso y desuso; una razón del aumento, tan elevada, tan grande, que conduce a una lucha por la vida, y como consecuencia a la selección natural, que determina la divergencia de caracteres y la extinción de las formas menos perfeccionadas. Así, la cosa más elevada que somos capaces de concebir, o sea la producción de los animales superiores, resulta directamente de la guerra de la naturaleza, del hambre y de la muerte. Hay grandeza en esta concepción de que la vida, con sus diferentes fuerzas, ha sido alentada por el Creador en un corto número de formas o en una sola, y que, mientras este planeta ha ido girando según la constante ley de la gravitación, se han desarrollado y se están desarrollando, a partir de un principio tan sencillo, infinidad de formas las más bellas y portentosas.» (Cf. Ch. Darwin, Origen de las especies, Austral, Barcelona 1998). Finalmente, Weinberg va más allá del Dios de Einstein que lo identificaba con la elegancia matemática del cosmos, y lo sustituye con la percepción de que el universo no tiene ningún sentido ni trascendencia.

Es dificil hacer captar a quien solo cree en la evidencia físca de lo que se puede ver, tocar y experimentar que además de esta realidad que ven los ojos de la carne, hay otra realidad que se percibe con los «ojos del corazón». Hay una realidad espiritual que no se puede demostrar, pero se puede sentir. El sentimiento de amor no se puede demostrar empíricamente y, sin embargo existe. Es más, no es que esta realidad espiritual se tenga que someter a la realidad científica, considerando a esta última más importante que la primera. Los «ojos del corazón» o la Inteligencia Espiritual (IES) es la que da sentido y trascendencia a la realidad; la que hace que ante la belleza, la verdad y la bondad intuyamos la presencia de Dios.

¿Callar es el verdadero crimen contra la humanidad?

Las personas que no han desarrollado una confianza interior en ellas mismas, su desnudez las impide desplegar su verdadera identidad. Para estas, por ejemplo, sobrevivir en los campos de exterminio nazi o en el gulag les fue imposible. Sin un pasado positivo, en estas circunstancias, no se tiene nada sobre lo que sostenerse para poder organizar nuestras energias y armar una versión moral de nuestro ser. Según Arno Gruen, uno de los psicólogos sociales más prestigiosos de Alemania, «quienes tienen que negar su sufrimiento solamente pueden desahogarse a través del sufrimiento que supuestamente les infligen los «extraños». Ahí está la causa del sorprendente éxito de Hitler, quien logró transmitirsu propia manía persecutoria como una experiencia real a toda la nación alemana. Millones de personas hicieron suyas las proyecciones patológicas de Hitler considerándolas una ofensa real, porque no podían admitir su verdadera condición de víctimas en su historia vital. Este peligro sigue existiendo. Este mecanismo psicológico sigue funcionando hoy en día cuando algunos políticos se presentan como víctimas en beneficio de sus intereses de poder. Las personas siguen siendo receptivas a un Hitler si no pueden desahogarse de su sufrimiento real» (A. Gruen, El extraño que llevamos dentro, Arpa, Barcelona 2019, 37).

Las personas tienen que callar su sufrimiento porque esto podría destapar su antiguo terror de niños, cuando en medio de una soledad emocional total, sus gritos nunca fueron escuchados. En estas circunstancias la persona no es capaz de vivir su propio sufrimiento ya que se odia por ello. Más bien derivará este odio hacia otra persona, castigándola o torturándola con la intención de liberarse de su humillante sufrimiento. Así, uno castiga a otro por algo que uno mismo había sido castigado tiempo atrás. Como escribió Jean Améry (1966) torturado por la Gestapo: «Quien ha sido torturado… Quien fue sometido a la tortura ya no puede sentirse en casa en el mundo. La humillación del aniquilamiento no se puede borrar. La confianza en el mundo, desmoronada no se puede borrar. La confianza en el mundo, desmoronada ya desde el primer golpe y hundida por completo en la tortura, no vuelve a recuperarse» (Ibid., 38). Pero la dignidad interior permanece. El comportamiento de los supervivientes es parecido al de los llamados enfermos mentales: sumisión externa y persistencia interna en una visión propia.

En general, enfrentarnos a la verdad nos cuesta. Las negaciones cotidianas son una parte «normal» de nuestra cultura. Estamos todos presos de miedo a ver lo que realmente es. Reconocerlo supondría un tipo muy distinto de psicopatología al que es habitual hoy en día. Clasificamos como normales a aquellas personas que se adaptan a la negación general y que, así, operan con éxito en nuestra cultura. Es esperanzador que haya personas que, al menos hasta cierto punto, se puedan liberar.

“Un camino de transformación hasta ser hermano de todos” – Boletin Iesus Caritas – Julio septiembre 2021 – nº 210

Un Corazón Abierto al mundo entero

Presentamos este número con la esperanza de que su lectura y meditación nos ayuden a poner en práctica las orientaciones y enseñanzas de la carta encíclica Fratelli tutti del papa Francisco (3 octubre 2020) que trata «sobre la fraternidad y la amistad social»

San Pablo VI calificó a Carlos de Foucauld como “Hermano universal”, en la encíclica Populorum progressio1. En nuestros días el papa Francisco ha hablado varias veces de este carisma singular que define al Hermano Carlos. En su viaje a Marruecos, tras recordar a san Francisco de Asís, dijo: «¿Y cómo no mencionar al beato Carlos de Foucauld que, profundamente marcado por la vida humilde y oculta de Jesús en Nazaret, a quien adoró en silencio quiso ser un universal hermano?»2. En la carta encíclica Fratelli tutti, n. 287, el Papa habla del Hermano Carlos «quien, desde su intensa experiencia de Dios, hizo un camino de transformación hasta sentirse hermano de todos»3 en un camino personal de búsqueda en el desierto donde «en ese contexto expresaba sus deseos de sentir a cualquier ser humano como un hermano4 y pedía a un amigo: «Ruegue a Dios para que yo sea realmente el hermano de todos»5 llegando a ser hermano de todos identificándose con los últimos6.

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              Las secciones del Boletín tienen como colaboradores a excelentes comunicadores y personas comprometidas en la línea de la carta encíclica que hemos recibido como viento suave y fresco del Espíritu. Victor Codina sj. y Margarita Saldaña Mostajo iluminan la palabra de Dios en nuestro hoy con una fuerza que solo los testigos pueden aportar en el empeño de evitar los males presentes al tiempo que se lucha contra las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad, la falta de trabajo, tierra y vivienda; por la prioridad a la vida de todos por encima de la apropiación de bienes de algunos. Margarita, de la fraternidad del Sagrado Corazón, nos dice que la experiencia vital de hermano universal «se alcanza humildemente, no cuando nosotros mismos nos auto-proclamamos “hermanos de todos”, sino cuando damos pasos decididos hacia las personas heridas en la cuneta y cuando ellas nos reconocen como hermanas y hermanos de camino». Es un complemento necesario el recuerdo de la lucha de Carlos de Foucauld contra la esclavitud que le lleva a denunciar la situación invitando al lector a tomar conciencia de que «el Hermano Carlos es un paradigma de amor universal, pero también, y a veces lo olvidamos, de amor político».

La sección testimonial nos presenta la peculiaridad del amor al enemigo, en el caso de Aurelio Sanz y en el ejercicio de la vocación al servicio ministerial de Jean-François Berjonneau en diálogo con el mundo obrero, los presidiarios y el mundo musulmán. Antonio Marco acerca al lector a la lectura de la encíclica: «Fatrelli tutti es un florilegio de la mejor herencia espiritual y personalista de la historia humana. Tesoro de la Doctrina Social de la Iglesia». Manuel Pozo reflexiona sobre dos conceptos centrales de la encíclica, a modo de ejes axiales, que guardan relación estrecha con la espiritualidad foucaldiana, como son la fraternidad universal y la amistad, subtítulo de la encíclica.

La sección Páginas para la Oración nos ofrece las dos oraciones que cierran la carta encíclica del papa Francisco y las colaboraciones testimoniales de J. J. Castejón y Secondo Martín.

Esperamos la canonización del beato Carlos de Foucauld con el sueño de impulsar la fraternidad universal y, más en concreto, el diálogo cristiano-musulmán. «La Iglesia es una casa con las puertas abiertas, porque es madre» (FT 269).

Manuel Pozo Oller

Director


1  (26 marzo 1967) 12: AAS 59 (1967) 263

2  31 de marzo de 2019

3  FT 286

4  Cf. C. de Foucauld, Meditación sobre el Padrenuestro (23 enero 1897)

5  Ibid., Carta a Henry de Castries (29 noviembre 1901)

6  Ibid., Carta a Madame de Bondy (7 enero 1902)

¿ Nos invade la seducción?

Del latín seductĭo, la seducción es la acción y efecto de seducir. Esto supone la capacidad de inducir a una persona a que realice una determinada acción o participe en un determinado comportamiento. La seducción, por lo tanto, está asociada a la persuasión. Provocar la atracción de forma consciente es el objetivo de la seducción. El significado habitual del término está relacionado con lo sexual: seducir a una persona es conquistarla para entablar una relación íntima.

Para unos la seducción consiste en atraer un apoyo automático de la gente, tanto en el amor como en otros ámbitos; es algo que se tiene y se potencia con el fin de conseguir aquello que deseamos. Para otros, sin embargo, la seducción es sinónimo de venta, de convencer a alguien de que tenemos algo que en realidad no tenemos, una mera técnica social.

G. Lipovetsky, prestigioso sociólogo, en su libro La era del vacío: Ensayo sobre el individualismo contemporáneo, (Anagrama, Madrid 2003), reflexiona sobre la sociedad actual y dice que uno de los rasgos característicos del momento presente es el clima de seducción que parece impregnar cada vez más la vida. La seducción ya no es algo que se produce en las relaciones interpersonales, sino que se va convirtiendo en un elemento que tiende a regular el consumo, la organización de la vida, la educación, las costumbres. Esta sociedad seductora genera personas de voluntad débil, engañadas por toda clase de cebos y reclamos. Sin embargo, una vida personal digna exige con frecuencia no ceder ante las seducciones, como lo hizo Jesús en el desierto, que pueden destruirnos como personas. Esto fue, también, lo que motivó a los Padres del desierto, que llevaban una vida ascética y se preocupaban de eliminar los demonios de su intrior, gracias al silencio contemplativo, que los hacía humildes.

Hoy tenemos muchos sonidos a nuestro alrededor, comenzando por las noticias sobre tragedias, política, economía, religión , deporte, sociedad etc. Hoy tenemos muchas formas de entretenimiento a nuestro alcance especialmente en el campo audiovisual: música, películas, series, video-juegos, tertulias, etc. También estamos conectados con los demás constantemente: grupos de whatsapp, notificaciones digitales, etc. Por otro lado los que vivimos en ciudad estamos rodeados de ruidos por todas partes. Así, entre sonidos y ruidos en nuestro mundo cada vez menos el silencio tiene espacio.

¿Por qué debemos silenciarnos?. En primer lugar necesitamos una cierta dosis de soledad para poder gestionar nuestra propia vida..En segundo lugar necesitamos también desconectarnos, regular el uso de la tecnología. En tercer lugar necesitamos hacer silencio, tomar distancia, ir al desierto. Hacer silencio es un mirador adecuado para discernir y tomar las decisiones adecuadas. Hacer silencio es ir en búsqueda del sentido de nuestra propia vida, ir a lo más profundo de nosotros para tener un corazón agradable a Dios.

¿Qué puede ayudarnos a silenciarnos? En primer lugar la reflexión, en un mundo donde todo tiene que se rápido e inmediato y no hay tiempo para pensar las cosas. En segundo lugar la lectura que necesita de tiempo y de desconexión para leer y dialogar por dentro. En tercer lugar la peregrinación donde hay largos ratos de desconexión y distanciamiento de las urgencias y ruidos de la vida contemporánea. En cuarto lugar el diálogo, donde debemos integrar también el silencio en la conversación para que no sea ni debate ni monólogo. Se trata de un encuentro interpersonal profundo donde nos abrimos al otro. En quinto lugar la experiencia estética que apunta a algo más y que requiere capacidad de observación y de contemplación. Por último, en sexto lugar, la oración sileciosa o el silencio contemplativo donde se adivina una Presencia.

¿La belleza y la luz interior es más potente que las sombras que llevamos dentro?

En el interior de cada uno de nosotros hay una “tierra sagrada”, un territorio puro, donde habita el espíritu de Dios, por lo que podemos ser llamados “hijos de Dios”. Es el “Jardín del Edén”, la “casa de Dios”.

Estamos llamados a habitar nuestra tierra profunda, nuestro propio corazón, nuestra interioridad, gracias al silencio contemplativo. De esta manera dejamos de disiparnos con los valores mundanos que nos hacen vivir en la periferias de nuestro ser. Por esto, el mal no puede nunca ensombrecer el Bien eterno que nos habita. La luz y la sombra es una realidad en todo ser humano, pero la belleza de la luz interna es más potente que la sombra. Es aquí donde se ancla todo el proceso, sin fin, de nuestra conversión interior.

Es en nuestro jardín secreto donde surgen los sentimientos y las ideas más preclaras y donde aprendemos a conocernos mejor y como amar de verdad. Estamos llamados a vivir de dentro a fuera y no al contrario. Es desde nuestro territorio interior donde encontramos el gozo de vivir y la alegría de amar.

¿Qué sentido tiene el trabajo?

La ONG (Médicos sin Fronteras) ha condenado el ataque en el que han perdido la vida la salmantina María Hernández y otros dos voluntarios

Hablar del trabajo cuando hay tantos desempeados y personas que tienen que emigrar en busca del mismo, cuesta un poco. Pero aquí queremos situar el ideal del trabajo, que para mi tiene que ver, de un modo general, con vocación. Así, uno puede tener la vocación de médico y en esto consiste su trabajo. Realizar la vocación supone un esfuerzo para ir superando las dificultades. Cuando se toma una determinación no se debe ceder. El esfuerzo es una cualidad que está ligada al deseo, al límite y a la posibilidad.

El trabajo visto como vocación es una manera de participar en la construcción del mundo cooperando con la obra creadora de Dios. A través del trabajo el ser humano modifica y configura la naturaleza, la sociedad y a sí mismo, modificando la conciencia individual y colectiva. Por el trabajo aseguramos nuestra existencia individual y colectiva, al mismo tiempo que estructuramos la vida. Y de esta manera realizamos nuestra condición humana., hasta llegar a dar la vida si fuera necesario.

Pero el trabajo tiene un sentido espiritual más profundo. Más allá del puesto de trabajo que cada uno desempeña en la sociedad, toda persona tiene un primer puesto de trabajo en sí misma, en sus vivencias y en su relación con los sentimienos. Se trata de trabajar nuestra alma, verdadera tarea de nuestra vida. No se trata tan solo de desarrollar nuestra Inteligencia Racional (IR) y nuestra Inteligencia Emocional (IE), hay que desarrollar también y principalmente nuestra Inteligencia Espiritual (IES), que crece en el silencio interior contemplativo.

Encuentro de la Familia Espiritual Carlos de Foucauld y la editorial PPC para celebrar la próxima canonización de Carlos de Foucauld

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La espiritualidad de Carlos de Fucauld, de la que se nutren sus discípulos Massignon, Peyriguère, Voillaume y la hermanita Magdeleine, recoge e integra muchos de los mejores contenidos de la piedad anterior, en relación con el tema del desierto, y están totalmente en línea con los antiguos Padres del desierto. Así lo expresa Foucauld comentando el evangelio de san Mateo: “Una vida en el desierto que se acerque a la vida oculta de Nazaret”, identificando Nazaret con el ideal del desierto del monacato.

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Ahora, cuando la Iglesia se propone canonizar a Carlos de Foucauld como testimonio uiversal de santidad, parece oportuno presentar a “cuatro pilares de la espiritualidad del desierto”, cada uno con su peculiaridad propia, y que han sido grandes generadores de vida espiritual, ya que “en el desierto se alumbran grandes cosas”.

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Louis Massignon
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Albert Peyriguère
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René Voillaume
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Hta. Magdaleine



¿Quienes son las personas buenas o faros?

Me ha llamado poderosamente la atención la descripción que hace Jaime Vandor sobre la persona buena y que transmitimos aquí por su alto grado de percepción:

“Entendemos por persona buena quien es capaz de convertir su generosidad en norma y pasión, bondadoso en grado sumo, sincero y veraz en todas las ocasiones, que se entrega y nada busca para sí. Demasiado noble para este mundo, paga por ello: es incomprendido, combatido, a veces escarnecido. Un tipo que, aunque poco frecuente, si existe, pero o pasa desapercibido, o es tenido por insensato, utópico, inepto para nada, equivalente a la frase popular que dice ‘de tan bueno es tonto’. Quien lo da todo es un excéntrico y, como mínimo, un problema para su familia. Sin embargo, pese a sus ‘extralimitaciones’, esta persona que comparte el sufrimiento del prójimo, aportando ayuda y consuelo, ha de constituir para nosotros un ideal hacia el cual tender” (J. VIANDOR, Valores humanos: la cualidad esencial, El Ciervo, Barcelona 1997, nº 550).

Son aquellas mujeres y hombres que iluminan la existencia de las personas que las rodean. Gracias a ellas la vida es más alegre y esperanzada. Son personas-faro.

¿Quiénes son las personas-faro?

1) Son personas cuyo objetivo en la vida no es el dinero, ni el poder, ni la gloria. Procuran no hacer daño, buscan, por el contrario, pasar haciendo el bien. Tienen los ojos y los oídos abiertos para detectar las necesidades de sus prójimos.

2) Han aprendido a dialogar, empezando por la escucha, que es su característica más visible. Y como saben escuchar, han aprendido a hablar con las palabras precisas y en las ocasiones oportunas. Y también a callar…

3) Son personas de paz que la irradian a su alrededor. No echan leña al fuego de las discordias. Son capaces de mediar en los conflictos, buscando cauces de diálogo en los enfrentamientos. No intentan imponer ninguna solución, sino que se prestan a ayudar a que la encuentren quienes están sumergidos en la discordia.

4) Han aprendido a no juzgar. Buscan en cada ser humano lo bueno que hay en ellos. Pueden enfrentarse a los abusadores, pero sin faltarles al respeto en su dignidad de personas. En su forma pacífica objetan, empleando la no violencia activa, sean cuales sean las consecuencias que les acarreen sus acciones. Son sujetos morales que tienen a su conciencia personal como regla inmediata de su conducta responsable.

5) Aportan su voz y su participación en la toma de decisiones de los grupos donde conviven. Son capaces, sin renunciar a sus convicciones básicas, de ceder en parte para llegar a acuerdos o consensos. Pero no tienen miedo, si lo ven necesario, a mantener su posición, aunque sea minoritaria, contra viento y marea. Defienden el derecho al disenso, tanto para ellos mismos, como para quienes discrepen de su postura.

6) Pueden tener muchos o pocos conocimientos y no valoran a las personas en función de los mismos. Pero todas estas personas-faro coinciden en haber alcanzado un nivel de sabiduría bastante considerable. Es un saber-sabor que nace de las experiencias de su vida, de las buenas y, sobre todo, de las dolorosas. Esa sabiduría les capacita para vivir el presente, sin refugiarse en el pasado, ni huir hacia el futuro. Saben distinguir entre las cosas esenciales de las accesorias, que muchas veces quitan el sueño al común de los mortales.

7) Estas personas-luz no son perfectas. Son humanas y, por tanto, limitadas. Es posible que descubramos en ellas incoherencias en el propósito básico de su vida. Sus detractores se aprovechan de ellas para descalificarlas. Cuando lo hacen, la sabiduría de esas personas sale a relucir. Son capaces de agradecer las críticas como medio para superarse. Y sonríen, pues son capaces de perdonarse a sí mismas y de seguir su camino, procurando no volver a caer. Aunque saben que, probablemente volverán a hacerlo.

8) Muchas de esas personas–faro pasan desapercibidas. Los medios de comunicación de masas las suelen ignorar, aunque esporádicamente pueden aparecer en algunas situaciones especiales. Su estilo de vida choca demasiado con esos falsos valores que nos inculca el pensamiento único. Claro que ellas prefieren pasar desapercibidas y tratan por todos los medios de conseguirlo. A veces, hasta las más próximas desconocen que viven al lado de alguna persona con esas características. Y sólo cuando fallecen o cuando desaparecen de nuestro entorno, es cuando nos damos cuenta del vacío que dejan en nuestra existencia. Una luz cálida se ha apagado, dejándonos más fríos y más solos… ¿Quiénes son esas personas? La Biblia los llama justos. La Iglesia los denomina santos. (Cf. P. ZABALA, Personas-faro, Acontecimiento 95, Madrid 20010/2, 15)